Sobre Exámenes Y Colesterol

 

El 30 de Septiembre de 1998, hace más de 11 años, aprobé el examen final de Impuestos II y me convertí en el extraño Contador Público que soy ahora. Desde ese momento nunca jamás volví a rendir un examen, y me alegro muchísimo por eso. Fueron los mejores 4.250 días de mi vida.

 

Odiaba dar exámenes. Odiaba en especial todo el tiempo en que los momentos de joda se arruinaban por la sensación de culpa “tendría que estar estudiando”. Odiaba las compañeras pelotudísimas que tenía que, antes de cada examen, me repetían “¡No sé nada! ¡No sé nada!” y después se sacaban mejores notas que yo. “Pero…. ¿no era que no sabías nada, conchuda con zampullido?”, pensaba yo pero no se los decía. Y también odiaba que, cuando terminaba el examen, todos me preguntaban cómo me había ido y nunca sabía qué responderles porque nunca jamás di un examen donde las preguntas fueran tan claras como para saber si las había respondido bien o mal. No odiaba tanto, en cambio, el momento en que me enteraba la nota.

 

Nunca dejé de asistir a eventos y salidas porque “tenía que estudiar”. Recuerdo especialmente un domingo de mayo de 1996, donde por supuesto me había emborrachado a full el sábado a la noche, y tenía un examen muy difícil el lunes. Sin embargo, mis amigos bosteros me llamaron para ir a la cancha ese domingo, y me dije: “Ma, sí, yo voy”. Fuimos a la popular de Boca en la Bombonera, que ese día se reinauguraba, y Boca perdió 6 a 0 contra Gimnasia de La Plata. La hinchada de Boca se descontroló un poquito, y la Raulito sacó una gomera y tiraba piedras contra unos plásticos que habían puesto en nuestra bonita nueva cancha. Yo veía que Gimnasia nos cagaba a goles y nos bailaba, y me preguntaba: “¿Qué mierda hago yo acá? ¡Debería estar estudiando!” Al otro día, por supuesto, desaprobé, pero desaprobamos todos, así que si me hubiese quedado estudiando el domingo probablemente hubiese desaprobado también.

 

Todo esto viene a cuento porque hoy fui a buscar mis exámenes de colesterol, y me di cuenta que, de repente, me encontré con la sensación de estar a punto de conocer “qué nota me había sacado”. La historia tiene antecedentes que ya conté en este blog pero resumiré a continuación. En octubre del 2008 me salió un herpes en el ojo, y los exámenes posteriores mostraron que tenía 249 de colesterol, cuando el máximo es 200. El médico me dijo que, si no quería caerme muerto en cualquier momento por un paro cardíaco, tenía que hacer ejercicios y comer solo cosas feas. Yo me dije: “¡Minga! Voy a seguir con mi dieta a base de cosas ricas, y voy a bajar el colesterol a puro ejercicio”. Así que seguí comiendo carne, papa y alfajores, me tomé un Vidacol cada día, y fui a correr casi todos los días mientras escuchaba los mejores discos de rock’n’roll nene. Seis meses después, en abril del 2009, había bajado mi colesterol de 249 a 232, lo que me convenció que estaba en el camino correcto. Y hoy, fui a buscar los exámenes, y abrí el sobre medio nervioso, pensando que con un 212 me alegraba, y me encuentro con… 180!!!!!!!!!! Soy un capo.

 

(Esto se iba a llamar “De Cómo Vencí Al Colesterol Comiendo Solo Cosas Ricas” pero no quise contar el final en el título.)

También tengo bien la Uricemia, los Trigliceridos, y el Colesterol HDL y LDL. Tengo un factor de riesgo 4.00 que es bastante más bajo que lo normal. Por lo tanto, viviré y cambiaré el mundo.

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