Tres Anécdotas Loosers Sobre El Levantamiento De Minas

01.- Crossroads

En Junio de 1998 solíamos
ir a Pilar, con mis amigos, escuchando Aerosmith. Creo que íbamos
ahí porque mis amigos no querían que los vean en Luján. A mí
siempre me dio lo mismo salir en cualquier lado, ya que considero que
el lugar no es lo importante, sino el estado de ánimo.

Esa madrugada de domingo,
la Selección argentina debutaba en el Mundial de Francia, como a
las 8 de la mañana. Así que el plan era salir y después quedarnos
hasta esa hora para ver el partido juntos. No sé por qué,
terminamos en el bar de una estación de servicio a la salida de
Pilar. De repente, observo que en una mesa había tres minas tomando
café. No hubiese sabido con cuál quedarme porque las tres eran
hermosas en todos los sentidos estéticos. Mis amigos se quedaron
echando monedas a una maquinita que pasaba temas de Divididos, pero
yo y la esperanza que me caracteriza fuimos a hablar con ellas.

Me senté sin pedir permiso
y entonces ocurrió un milagro. Cuando las interrogué acerca de sus
gustos, resultó que una era fanática de Spinetta (“¡No seas
fanática!”), a otra le gustaban los Beatles, y la más tetona
había leído todos los libros de Stephen King. Yo, viendo que el
destino por una vez jugaba a mi favor, al principio me hice el que no
conocía demasiado sobre sus gustos, y poco a poco fui expresando mis
conocimientos sobre esos temas, como si me estuviesen llegando por
una antena. Así ilustré a la lectora de Stephen King acerca de unos
libros que ella desconocía su existencia, expliqué algunas
canciones de Spinetta y canté 5 o 6 canciones del White Album
junto a la otra. Las chicas
estaban deslumbradas, así que me preguntaron cómo sabía tanto.
Como me gusta jugar con el satanismo, les dije que había hecho un
pacto con Satán para tener el conocimiento eterno en todas las
áreas. No me creyeron, pero dudaron.

Cuando
estaba cantando
While My Guitar Gently Weeps y
acariándole la espalda a la beatlera, mis amigos me llamaron porque
nos íbamos. Ya empezaba el partido. No les pude pedir ni los
teléfonos porque en 1998 casi nadie tenía celulares. Encima, el
partido no me interesaba demasiado porque el técnico era Pasarella.

02.- Talkin’ About My
Generation

Hace unos años, estaba en
un bar lujanense y me puse a hablar con una chica. Cuando surgió el
inevitable tema de la edad, la chica no me creía que yo estaba en
los 30 avanzados. “¿En qué año naciste?”, me preguntó, para
certificar. “En 1971”. “¡Igual que mi papá!” CHAN!!! Fue un
momento cumbre en mi vida nocturna. Por fin había alcanzado a la
siguiente generación. “¡Podrías ser mi hija!”, le dije,
mientras le sacudía levemente los hombros. Tres segundos después,
ya pasado el impacto, pensé: “Qué carajo me importa. Me la
emperno igual, si puedo”. Pero no pude.

03.- The Most Beatiful
Girl In The World

Hace unos meses, estaba en
un bar lujanense y me puse a hablar con una chica. Ya la conocía de
hace varios años, pero nunca le había prestado atención. Los años
le habían caído bien, y se había convertido en
LA-CHICA-MÁS-LINDA-DEL-MUNDO. Casi que me había enamorado. Entonces
empecé a hablar.

Casi ningún hombre estará
de acuerdo conmigo, pero en mis más de 20 años de vida noctura,
aprendí que no siempre coger es un éxito. Los hombres piensan que
esto es lo único que tiene sentido, pero yo aprendí que a veces,
con determinadas mujeres, el éxito es descubrir rápidamente que esa
chica nos traerá consecuencias negativas en el balance entre los
hermosos segundos de orgasmo y el estado en qué quedarán nuestros
testículos después de aguantarla. Por esa diferencia de criterios,
es que casi todos los hombres terminan casados con minas
insoportables que les rompen las pelotas constantemente. Sin embargo,
enseguida descubrí que esa mina no era de ese tipo, así que esa
noche yo estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de encerar el
bastón.

Hablé y hablé y hablé y
hablé buscando temas en los que pudiésemos coincidir, buscando un
entusiasmo, un punto en común que inicie una bola de nieve que se
vaya agrandando y culminase en una noche con mucho flujo y mucho
semen. Pero no obtuve los resultados deseados. La mina me escuchaba
atentamente, sonreía, se reía levemente de mis chistes y
ocurrencias, aceptaba los tragos que le pagaba. Pero el brillito en
los ojos que yo buscaba nunca aparecía. Mientras me echaba uno de
esos largos meos que uno hace los sábados a la noche, pensaba qué
carajo podría decirle para que el brillito apareciera. Confiaba que
esa noche se iba a producir el milagro, que un ángel me iba a dictar
las palabras adecuadas para que se concrete el anhelo. Pero no hubo
caso. Recorrí la historia del mundo y de los sentimientos humanos
más profundos, pero la mina terminó yéndose a otro bar con las
amigas, ya más borrachita gracias a mí.

(Tengo cientos de anécdotas
loosers y algunas winners, pero las winners no las puedo contar
porque mi pija tiene los derechos reservados sobre esas anécdotas.)

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