Escribir Por Escribir Nomás

A mí me gusta escribir por escribir nomás. Lo hice siempre, incluso cuando no había computadoras. Lo hice a mano, en cuadernos, en máquinas de escribir de todo tipo, en computadoras con procesadores de texto de DOS. Todavía escribo a mano (mucho más de lo que se imaginan) porque me gusta el ritmo que eso tiene. A uno le empieza a doler la mano y el brazo, pero sigue para que no se les escapen las ideas, y cada tanto se detiene un poco para darle a una pitada a un pucho. Creo que me gusta escribir a mano (también) porque me obliga a sentarme mejor.

Si me preguntan por qué lo hago, no sabría qué responder. “Porque me gusta”, sería lo primero que se me ocurre, y eso es irrefutable (por lo menos en mi way of life.)

Escribir este blog me encanta porque nunca se me había ocurrido que iba a haber una herramienta tan copada. Los blogs estuvieron de moda hace como cinco años, y tienen la ventaja de que a casi nadie le gusta leer. Por eso, uno puede escribir lo que se le cante el culo, que total a nadie le importa mucho, más ahora que los blogs pasaron de moda. Uno puedo putear contra los políticos de derecha, bardear a
las viejas racistas, contar cualquier cosa, y a nadie le importa. Eso es lo que más me gusta. Además, no puedo (ni quiero) evitarlo.

Cuando no existían los blogs, si uno quería publicar algo tenía que tranzar con los medios de prensa (lo que implica ya una pérdida de la Libertad), o escribir algo y sacarle fotocopias y repartirlas (o hacerse amigo de un imprentero.) Ahora uno escribe y, sin moverse de su casa, en un par de segundos, sin ningún costo, eso que escribió está a disposición de cualquier persona en el mundo, en el mismo instante. A nadie le importa, ni antes ni ahora, pero está bueno que así sea.

Yo nunca le cuento a nadie que tengo un blog, ni mucho menos le pido a alguien que lo lea. La mayoría de mis amigos no saben ni siquiera lo que es un blog. Cuando escucharon que eso existía pensaron que era algo de putos. Pero está bueno que así sea. Pedirles que lo lean sería tratar de imponerles algo, y yo nunca trato de imponer nada.

Creo que cada blog tiene el destino que se merece. Carolina Aguirre escribió un blog buenísimo, y por lo tanto terminó convertido en serie de televisión (no tan buena como el blog.) Otros blogs se especializan en determinados aspectos, y por lo tanto son visitados nada más que por los que les interesa ese aspecto. Los blogs como éste, que se especializan en boludeces, en pensamientos, reflexiones, anécdotas, cuentos, comentarios musicales, tienen los lectores que se merecen. Esto es tan justo como el precio de las acciones, que cambia cada minuto según haya gente interesada en vender o comprar. Como a un porcentaje ínfimo de la población mundial le gusta leer, las posibilidades de tener muchos lectores en un blog son casi nulas. ¿Para qué van a leer si se puede estar mirando un culo en alguna página web o en lo de Tinelli? (¡y qué culos!) Pero si alguien escribe realmente bien los lectores le van a llegar.

A mí me tiene sin cuidado la cantidad de lectores. No podría hacerlo mejor ni peor si eso variara mucho. A veces me encuentro, en la calle o en la noche, con gente de lo más extraña que me dice que lee este blog y que le gusta. Eso siempre me sorprende. Uno imagina que lo leen las chicas lindas y tetonas, pero siempre te terminan leyendo las tías abuelas de esas minas. No es una desgracia, es lo que hay. Las chicas lindas y tetonas suelen tener otros intereses, y está bien que así sea.

Una vez (y solo una vez) publiqué algo y después me arrepentí y lo borré. Se llamaba algo así como “La sexualidad de los treintañeros”. Era tan sincero que lo tuve que borrar. Pero si lo hubiese dejado no pasaba nada. A alguna gente que no le gusta leer, lee igual si lo escrito tiene que ver con lo sexual. Y está bien que así sea. Si contase todas mis experiencias sexuales con lujo de detalles, tendría mucho más lectores, pero eso no me importa. Mucha gente hace eso pero en forma anónima.

A mí todavía me da impresión que, a medida que apoyo mis dedos sobre el teclado, veo las letras aparecer en la pantalla. Me parece mágico. Me pasaba lo mismo con la máquina de escribir, y también me pasa cuando escribo a mano. Es otra de mis rarezas.

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