La Leyenda De Camioneta

Una noche de Año Nuevo, estaba en un boliche de Luján
cuando, de repente, un tipo grandote, de barba y pelo largo, me agarra de atrás
en un toma tipo doble-nelson. Me soltó enseguida. Alcé la vista para mirarlo y
pensé: “¡Qué carajo habré tomado este Año Nuevo que Jesús me hace tomas de
catch!” El tipo, amistosamente, me saludaba por mi nombre preguntándome: “¿No
me conocés?” hasta que después de un rato caí: era Camioneta. No lo había
conocido porque siempre usaba el pelo corto y se afeitaba, y hacía como cinco
años que no lo veía. Había escuchado por ahí que se había ido a vivir al sur, y
andaba por Luján de paso solo por el Año Nuevo.

 

Camioneta se ganó su apodo una
noche que andabámos por ahí, y nos cruzamos con unas minas que lo conocían y le
dijeron: “¿Qué hacés, Camioneta?” Nos llamó mucho la atención su apodo, por lo
que luego lo interrogamos al respecto. Nunca nos quiso contar la razón pero de
ahí en más lo llamamos siempre así.

 

Camioneta era uno de esos tipos
algo nómades. Había épocas en que salía con nosotros todos los fines de semana,
y otras en las que no lo veíamos por meses. Siempre le pasaban cosas raras.

 

Un día, Camioneta apareció con
una idea que consideró genial. “¡Tengo un negocio espectacular!”, dijo como si
hubiese descubierto la vacuna del SIDA. “¿Cuál?” le preguntamos. “¡Poner una
zapatería en Lincoln!” Le pedimos explicaciones pero no supo darlas. Le
preguntamos si en Lincoln no había zapaterías (había), si la gente gastaba más
la suela en Lincoln (no lo sabía), si conocía a algún buen distribuidor con
buenos precios (no conocía.) Creo que no volvió a hablar del tema porque se dio
cuenta que había dicho una boludez, pero nosotros siempre nos preguntamos que
extraños procesos ocurrieron en su mente para llegar a concluir esa boludez.

 

Cuenta la leyenda que una vez
Camioneta se peleó con la novia. Esta, enojada, decidió irse de vacaciones con
sus amigas a Europa. Camioneta, desesperado por Amor, invirtió sus magros
ahorros en un pasaje a Europa, sin saber con exactitud el periplo que tenía su
ex novia. Entonces, en lugar de conocer las grandes capitales europeas, conoció
todos los aeropuertos. Esperaba largas horas en cada aeropuerto, mirando todas
las caras, hasta que se aburría y se iba a otro aeropuerto. Lo más loco no fue
eso… ¡sino que la encontró! Y más loco aún fue que la novia le dijo que se
volviese y la dejase de joder. Todavía no pude decidir si esto fue un acto de
amor hiper-emocionante, o la boludez más grande que escuché en mi vida.

 

Un día, a Camioneta le apareció
un hijo de 5 años. La madre nunca le había dicho nada, parió y crió al hijo, y
Camioneta había dejado de verla y ni sabía que la chica una vez había quedado
embarazada. Cuando el chico cumplió 5, el parecido con Camioneta era tan grande
que la madre se lo presentó. Creo que ni se hizo los análisis.

 

¿Quién sabe dónde andará ahora Camioneta? Quizás esperando en aeropuertos, o conociendo nuevos hijos, o
creyendo que se va a llenar de oro poniendo una panadería en Pergamino.

 

(Voy a buscarlo en Facebook a
ver si está. No está.)

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