De Los Días Que Yogananda Me Pedía Que Lo Compre

Lo que contaré a continuación puede parecer increíble,
pero juro que me pasó de verdad.

 

Hubo un tiempo en que vivía en Luján en una cuadra llena
de restaurantes y santerías (a media cuadra de la Basílica.) Sin embargo,
justo enfrente de mi edificio, había una “santería alternativa” (esos lugares
donde venden sahumerios, piedras, ropa hindú, velas y libros de autoayuda.) Yo
pasaba todos los días por ahí.

 

De repente, un día, me llamó la atención un libro que
había en la vidriera, que tenía esta tapa:



 

Me lo quedé mirando un rato largo, no sé por qué. Creo que
me llamaba la atención la mirada de Yogananda, de quien nunca había escuchado hablar. A partir de ese día, cada vez
que pasaba por ahí, sentía que Yogananda me llamaba. Sentía que estaba obligado
a comprar ese libro. Sentía como su voz diciéndome: “Comprame, comprame,
comprame.” Yo me resistía, pero la sensación iba creciendo cada día. Aún hasta
cuando pasaba en auto (estacionaba enfrente), siempre tenía que volver a mirar
esa tapa naranja y sentía el “mensaje”. Creo que un par de días fui a verlo
nuevamente en la vidriera. Hasta que un día no aguanté más y entré a comprarlo.
Recuerdo que el diálogo fue más o menos el siguiente:

 

Vendedor: ¡Bienvenido!

 

Yo: Hola. ¿Cuánto sale ese libro?

 

Vendedor: ¡Ah, Yogananda! Yo lo empecé a leer cuando tenía
13 o 14 años, me acuerdo que empezaba cuando era chico y se cortaba con un
alambre. Después no lo terminé de leer porque me metí en las drogas. A ver…
29 pesos.

 

Yo: Bueno, está bien, lo llevo.

 

Lo empecé a leer y realmente la historia me fascinó.
Yogananda es un gurú de la India
que desde chiquito tenía una necesidad extrema de encontrar a Dios. Cuenta su
historia y la de mucha gente así que conoció en la India, hasta que conoce a su
propio gurú, y logra la iluminación. Más tarde, se va solo a Norteamérica, con
una mano atrás y otra adelante, sin saber hablar inglés, a difundir todas sus
técnicas de acercamiento a Dios. La historia está contada con tanto entusiasmo
que contagia. Eso sí… nunca se cortaba con un alambre (eso lo había flasheado
el vendedor ex drogadicto.)

 

Investigando después, encontré que no fui yo el único que
le pasó eso, que el libro les “pidió” que lo compraran. Es muy raro pero es
así. George Harrison también era un seguidor de Yogananda, por eso aparece en
la tapa del Sargento Pepper, junto con su gurú y el gurú de su gurú.

 

Tengo otras historias, todavía más increíbles, relacionadas con ese libro, pero las
dejo para otro día.

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