La Huelga Japonesa

Odio que me pase lo que me pasó el otro día. No me pasa
casi nunca, porque yo casi no me relaciono con la mala gente. Básicamente me
pasó que mandé a comprar biscochitos de grasa a un pibe, le di $ 10 (sabiendo
que valían $ 4) y me trajo los biscochitos y no me dio el vuelto. Yo me cago en
$ 6 pero no me cago en la falta de códigos. La frase: “Uy, me olvidé de darte
el vuelto” no va a valer nunca porque el vuelto debería volver junto con los
bizcochitos. En estos casos, utilizo la HUELGA JAPONESA
(los japoneses, cuando quieren hacer huelga, trabajan más de lo que deben para
complicarle la vida a los empleadores.) Jamás le diré ni le reclamaré al deudor
de los $ 6 que me debe $ 6, pero entró en mi lista de INDESEABLES y eso le
saldrá mucho más caro que los $ 6. Probablemente la situación llegue a extremos
donde él deba decir: “¿Es por los $ 6 que no te pagué aquella vez?”.

 

Siguiendo con la HUELGA JAPONESA
quiero contar una vez que la utilicé de VERDAD VERDAD VERDAD. Resulta que tenía
un jefe que me trataba PESIMAMENTE MAL. Era esa clase de jefe que no hace NADA
y pretende que uno trabaje al 200% (que vaya a trabajar los sábados y los
domingos y hasta en Navidad, sin exagerar.) Yo, nuevito el trabajo, trataba de
pagar mi derecho de piso y hacía todas las cosas bien. Pues resulta que una
tarde pensaba que ya se había ido y, como tenía trabajos adelantados de tanto
que laburaba, me puse a escribir pelotudeces en el Word (los blogs no existían
en esa época). Entre las pelotudeces que escribí, recuerdo claramente que había
escrito: “Estoy en una época en que siempre me duele mucho la pija” (era una
época que la tenía sobre-exigida a mi pobre pija), y justo que estaba
escribiendo eso, llegó mi JEFE MALO. Yo intenté minimizar por todas las
ventanas, pero la computadora se tildó (culpa de la Ley de Murphy) y mi jefe llegó
a leer eso. Vi su cara de decepción. Le dije que estaba escribiendo una carta
para un amigo y vi su cara de no creerme. Encima, se encerró en su oficina y yo
escuchaba los llamados telefónicos que hacía: le estaba diciendo a otras
personas del lugar que la gente nueva que había entrado era “un desastre”.
Entonces tuve que hacer la
HUELGA JAPONESA. Eso fue un viernes, y tuve un fin de semana
choto donde resolví que la única solución era la HUELGA JAPONESA.
A la semana siguiente, y durante los próximos 3 meses, trabajé y trabajé y
trabajé y lo obligué a sobre-mirar todo lo que había trabajado. Llegó un
momento en que le rompía tanto las bolas que yo trabajase tanto que me pude
ganar su confianza hasta que el chabón no tuvo más remedio que pararme el carro
y decirme: “Alejandro, no trabajes tanto”, y recién ahí pude respirar aliviado
y saber que la HUELGA
JAPONESA da resultado. Varios años después, ese mismo jefe
pensaba que yo era un as del trabajo y que si yo me iba todo se iba a la
mierda. Quizás esté siendo medio subjetivo con este comentario pero más o menos
es así.

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