Feliz Año Nuevo 49 D.D.

"Acá en la Clínica hay uno que se cree Napoleón, otro que se cree San Martín, y a mí nadie me cree que soy Maradona"

Feliz Cumpleaños, Diego!!! De
parte de todas las almas ilógicas, sensibles y por lo tanto agradecidas
eternamente, que nos divertimos con los “inteligentes” malagradecidos que
refuerzan nuestra Amor.

 

“Vale 10 Palos Verdes

Se llama Maradona

Y todas las gallinas

Le chupan bien las bolas.

Y cuando va a la cancha la 12 le
agradece

Todo lo que Dieguito se merece.”

 

Dejo un texto de uno de mis escritores favoritos, Martín
Caparros, aunque solo la primer parte, porque en la segunda se dedica a
criticarlo. El texto salió en el diario Crítica del 16/10/2009, pero esta
primer parte está “inspirada” en el libro “Boquita” del mismo autor (libro
recomendable para todos, incluso para los que no son de Boca, incluso para los
que no les gusta el fútbol.)

 

Es duro haber sido maradona. A
todos nos sucede: lo hemos sido. Durante muchos años, la escena se repitió en
los lugares más variados, con interlocutores tan distintos, con los acentos más
diversos:


–Where are you from?


Me preguntaron tantas veces y, cuando les contestaba que argentino, se
quedaban mirándome. En Asia y África y Oceanía –por ejemplo– la Argentina
existe muy poquito y mi respuesta provocaba, la mitad de las veces, una sola
respuesta: ajá. O sea: la lógica ignorancia. Para la otra mitad –para los que
sabían– el remate se repetía invariable:

–Ah, argentino… ¡Maradona!

Era impresionante: no se me ocurre ningún otro caso de país tan uniformemente
sintetizado, definido por la figura de un señor. El vocabulario global
pronuncia muy pocas palabras argentinas: tango ya tiene casi un siglo
y después, además de maradona, la única voz que le dimos al mundo es
el neologismo desaparecido. El jugador Maradona apareció en el momento
justo en que la televisión empezaba a llevar el fútbol a los confines más
lejanos: miles de millones de chinos, rusos, indios, africanos que nunca oyeron
hablar del gaucho, de Evita, de Gardel, y que no relacionan a Guevara con el
país donde nació, han visto a Maradona cacheteando pelotas –y es lo que saben
de nosotros. “Alguna vez terminaremos de aceptar”, escribí hace unos años, “que
para dos o tres mil millones de personas la Argentina y los argentinos
–todos los argentinos, las vacas, las montañas, los presidentes, los violadores
fugitivos, el novio de tu hermana, aquel triciclo, los inmigrantes bajando de
los barcos, el cielo de humahuaca, el peronismo, la esquina de carabobo y cucha
cucha, la marcha de san lorenzo, tu futuro, los ovejeros belgas y hojitas y
sánguches de miga, las pastillas refresco, tlön uqbar orbis tertius, este papel
manchado– no somos nada más o nada menos que la confusa nube de pedos que
aureola la pierna izquierda del Gran Diez. El mundo está lleno de personas que
nunca oyeron hablar de la Argentina pero sí de Maradona; el mundo está lleno de
otras personas que sólo oyeron hablar de la Argentina porque oyeron hablar de
Maradona. En el mundo –para todos los que no son vecinos o europeos con
parientes o tercermundistas más o menos cultos–, la Argentina somos él. Digo:
para miles de millones de personas somos él. Es un destino. Supongo que podría
ser mejor. Y podría ser, también, mucho peor. Era un modelo complicado:
peleador, simpático, quejoso, drogón, desaforado, ingenioso, creído, ilimitado,
machista, popular, oportunista, cálido, cursi, inteligente. Fue difícil
adaptarse a la idea de que los argentinos éramos eso, pero hicimos todo lo que
pudimos”, decía, y entonces era cierto.

 

(…)


Durante muchos años fuímos él porque éramos rehenes de su belleza. Lo que hacía
Maradona en una cancha de fútbol era tan desmedido, tan inesperado, tan
extraordinario que era normal que lo que hiciera afuera lo fuera también –y que
lo aceptáramos o celebráramos como pequeñas partes de un gran todo. Fue un
artista notable –alguien que hace distinto lo que muchos hacen parecido– y ya
hace más de un siglo que nuestras sociedades aceptan que los artistas tienen
ciertos privilegios o, por lo menos, que sus actos no deben ser medidos con la
vara general: si crean hechos o gestos que exceden los límites de lo pensado,
¿por qué tendrían que mantener sus vidas dentro de esos límites? Maradona se
acostumbró a ese criterio, y lo sigue empleando.

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Una respuesta to “Feliz Año Nuevo 49 D.D.”

  1. Claudio Says:

    UFF que bueno amigo! que lastima que los detractores gasten tiempo en querer mostrar algo que, si bien es cierto, no nos importa. Algun dia entenderan que Maradona hubo, hay y habra uno solo. Seguramente cuando pase a la inmortalidad, todos estos que le pegan al Diego, estaran haciendo nota de lo grande que fue, de lo que hizo y puedo hacer… Y ahi, nos reiremos de lo "panqueque" que fueron… Que bueno es no ser "inteligente" como alguno, no? y seguir emocionandonos cuando vemos el gol a los ingleses (y el de la mano tambien! porque no?), o ellos no los gritaron? que poca memoria!!!Bueno, como veras, puedo escribir del Diego mucho!! pero no te voy aburrir!Muy buena la info!!

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