Lo Mínimo Que Tenés Que Saber Sobre Un Libro Llamado Catcher In The Rye

Lo primero que tenés que saber sobre este libro es que
TENÉS que leerlo. Aunque seas un viejo de mierda, que ya ni siquiera recuerda cómo
piensa un adolescente, TENÉS que leerlo.

The Catcher In The Rye es un libro editado en 1951.

Lo escribió J.D. Salinger.

En castellano se lo conoce como “El Guardián Entre El
Centeno” o “El Cazador Oculto”, según la traducción (dicen que la segundo es
mejor, yo leí la primera como 20 veces.)

Trata de un adolescente llamado Holden Caulfield, al que
todo le parece falso o trucho (phony), al que rajan de un colegio, y en lugar
de volverse a la casa se va a pasar 4 días a New York.

Quizás fue el primer libro que abordó temas adolescentes
sin caretaje.

Pocos años después de escribir este libro, el autor se
recluyó en su casa. Jamás dio un reportaje, evitó todas las biografías, y
rechazó los innumerables pedidos para llevar esta obra al cine (no atendió ni
siquiera a Steven Spielberg). Todavía vive, encerrado, y está por cumplir 91
años. No permite que le saquen fotos, ni que pongan fotos en las ediciones de
los libros, ni que haya dibujos en las tapas de los libros.

Se venden 250.000 copias de este libro cada año.

El asesino de John Lennon era fanático de este libro.
Cuando mató a Lennon se sentó a re-leerlo esperando que venga la policía a
buscarlo. En el juicio le leyó partes del libro al juez tratando de explicar
por qué lo había hecho.

Otros asesinos o desequilibrados, como por ejemplo uno que
intentó asesinar a Ronald Reagan, también era un fan de este libro.

Bob Dylan, Jack Nicholson, Norton (el creador del
antivirus) y yo también gustamos de este libro.

El libro es de fácil lectura, he aquí tres párrafos
extraídos casi al azar:

Aquello era cruel. Se estaba
matando y me dio pena. Nos quitamos los patines y entramos en ese bar donde se
puede tomar algo en medias mientras se ve toda la pista. En cuanto nos
sentamos, Sally se quitó los guantes y le ofrecí un cigarrillo. No parecía nada
contenta. Vino el mozo y le pedí una Coca Cola para ella, y un whisky con soda
para mí, pero el muy hijo de puta se negó a traérmelo, o sea que tuve que tomar
Coca Cola yo también. Luego me puse a encender fósforos uno tras otro, que es
una cosa que suelo hacer cuando estoy de un humor determinado. Los dejo arder
hasta que casi me quemo los dedos y luego los tiro al cenicero. Es un tic
nervioso que tengo.

 

 

 

Eso del sexo es algo que no acabo
de entender del todo. Nunca se sabe exactamente por dónde va uno a tirar. Por
ejemplo, yo me paso el día imponiéndome límites que luego cruzo todo el tiempo.
El año pasado me propuse no salir con ninguna chica que en el fondo no me
gustara de verdad. Pues aquella misma semana salí con una horrible. La misma
noche, si quieren saber la verdad. Me pasé horas enteras besando y metiendo
mano a una cursi horrorosa que se llamaba Anne Louise Sherman. Eso del sexo no
lo entiendo. Se los juro.

 

 

 

Cuando estaba en el Colegio
Whooton conocí a un chico que se llamaba Louis Gorman. Fue el primero con quien
hablé allí. Estábamos sentados uno junto al otro en la puerta de la enfermería
esperando por el reconocimiento médico y nos pusimos a hablar de tenis. Nos
gustaba muchísimo a los dos. Me dijo que todos los veranos iba a ver los campeonatos
nacionales de Forrest Hills. Como yo también los veía siempre, nos pasamos un
buen rato hablando de los jugadores famosos. Para la edad que tenía sabía mucho
de tenis. De pronto, en medio de la conversación, me preguntó:

– ¿Sabes por casualidad dónde está
la iglesia católica de este pueblo?

Por el tono de la pregunta notaba
que lo que quería era averiguar si yo era católico o no. De verdad. No es que
fuera un fanático ni nada, pero quería saberlo. Lo estaba pasando muy bien
hablando de tenis, pero se le notaba que lo habría pasado mucho mejor si yo
hubiera sido de la misma religión que él. Todo eso me enoja muchísimo. Y no es
que la pregunta acabara con la conversación, claro que no, pero tampoco
contribuyó a animarla, desde luego.

 

 

Bonus Track

 

Del Libro ‘Tis de Frank McCourt. McCourt cuenta una
historia relacionada con este libro, cuando fue docente de secundaria en el
Bronk de New York.

 

… y dije de improviso a la clase
que si querían leer un buen libro que no tenía palabras complicadas ni frases
largas y que trataba de un muchacho de su edad que estaba furioso contra el
mundo, yo se lo podía conseguir… (…)

Los ejemplares de El Guardián Entre El Centeno llegaron a
los dos días, y yo los repartí (…) Cuando repartí los libros alguien descubrió
la palabra “mierda” en la primera página, y con eso se hizo un silencio en el
aula. Esa palabra no se encontraría jamás en ninguno de los libros de Lengua
Inglesa. (…)

Al día siguiente entró en el aula
el señor Sorola con su adjunta, la señorita Steed. Fueron de pupitre en pupitre
arrebatando los ejemplares de El Guardián
Entre El Centeno
y echándolos en dos bolsos de la compra. Si los libros no
estaban en los pupitres, exigían a los alumnos que los sacaran de sus carteras.
(…)

– Señor McCourt, era el único
libro que yo había leído en mi vida y ahora ese hombre me lo ha quitado.

Etiquetas:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: