Mi Viaje Al Centro Uritorco

Una vez, creo que en 1996, mi amigo Federico me invitó a
ir al Cerro Uritorco con sus compañeros de trabajo. Le dije que sí porque no
tenía nada que hacer.

 

Yo me había imaginado que la
aventura sería similar a ir a la selva. Me imaginaba tratando de enganchar una
soga en algún punto, para escalar por ahí, tirar los bolsos para arriba, y así
seguir hasta la punta del cerro. Como sabía que una de las que iban era mujer,
pensé: “Si una mujer puede, yo también podré”.

 

Éramos mi amigo Federico, que lo
conozco desde los 4 años (un día voy a contar el día que inventamos juntos la máquina
del tiempo), un compañero de trabajo de él, Gerardo, que le gustaba Virus y
pelearse con la gente que fumaba en el bondi, y otra compañera que había ido con su marido, un petiso tosco que llevaba como 40 kilos de equipaje,
incluyendo una mini-cocina y varias garrafas.

 

Compramos cantimploras para
llevar agua y partimos.

 

Al llegar me encontré con un
ambiente muy distinto al que había imaginado. Lo primero que me llamó la atención
es que te cobraban entrada. ¡Cinco pesos para escalar un cerro! (“¿Será de
alguien este cerro?”, pensé.) Luego, en lugar de las aventuras esperadas, me
encontré que uno subía por un camino alrededor del cerro, y que solo había que
caminar. Sin embargo, nos dimos cuenta que habíamos llevado mucho equipaje. En
lugar de una mochila de mochileros, yo había llevado un bolso bien cargado con
tiras que me dejaron en carne viva al lado de los hombros una semana. Por eso,
mientras las viejas a nuestro alrededor nos pasaban con velocidad, nosotros teníamos
que parar a descansar cada diez minutos. Llegamos hechos mierda.

 

Arriba, luego de 4 o 5 horas de
caminar, no encontramos más que gente rara. Como no teníamos nada que hacer,
nos emborrachamos con Caña Legui. De repente vimos un ejercito ninja que andaba
haciendo entrenamientos por ahí. Estaban vestidos de negro, tiraban estrellitas
ninjas, y se subían a unas paredes. Nos causaron mucha gracia (nadie nos creé
que hayamos visto un ejército ninja, pero es verdad.)

 

Cuando la borrachera fue
creciendo, se me ocurrió hacer un monólogo de reproche, a los gritos: “Fede, ¿dónde
me trajiste? Me cobraron cinco pesos y no se ve ni un E.T. por acá”. Repetí eso
varias veces de diferentes formas, porque estaba muy locuaz. Al otro día, cuando
me desperté, escuché que unas viejas de una carpa de al lado preguntaban,
mientras tomaban mate, si habían escuchado al loco ese que anoche se quejaba
porque no se veía ningún E.T. Entendí que mi monólogo había dado resultados.

 

Nosotros habíamos llevado carpa
pero ni la usamos.

 

Al otro día, bajamos del cerro,
y a la noche fuimos a comer a un restaurante. Había ahí un cartel que decía:

 

Poyo con papas: $ 6,50

Pollo con papas: $ 7,50

 

Preguntamos
por la diferencia y se nos cagaron de risa y no nos contestaron. Pedimos Pollo,
pero no sé cómo lo pronunciamos. Me parece que era un restaurante que se burlaba de los porteños.

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Una respuesta to “Mi Viaje Al Centro Uritorco”

  1. Pedro Says:

    jajajajajajjajajajjajajaja soy pedro ubertino emime en canta escalar mantañas de cordoba

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