Las Lágrimas De Gloria

Este cuento lo escribí en marzo de 1997. Es lo que a uno le
sale cuando uno abusa en la lectura de libros de Stephen King. Le corregí
algunos errores gramaticales y le censuré muchas partes, porque era mucho más
porno.

 

LAS LÁGRIMAS DE GLORIA

 

 

                En las
vacaciones los chicos quieren coger. No es una tarea fácil, pero es el motivo
principal, lo que convierte a las vacaciones en perfectas. Uno puede ir a la
playa, divertirse, beber con los amigos, emborracharse, ir a conciertos de
rock, jugar a las cartas, fumar porros, cantar, decir boludeces, hacer alguna
locura. Uno puede hacer de todo pero las vacaciones no son perfectas si uno no
coge.

 

                En aquellas vacaciones
cogí, aunque no puedo decir que hayan sido perfectas. Me costó demasiados años
volver a poder coger tranquilo.

 

Fue una noche en que estaba borracho, y dejé manejar a
uno de mis dos amigos. Yendo para el centro, para algún boliche, por la 3 de
Villa Gesell, encontramos a dos chicas haciendo dedo. Yo iba atrás y cuando las
vi grité: “¡Frená! Subime a la gorda”.

                Efectivamente
una de ellas era gorda. Era la típica gorda de pelo largo onda Woodstock, que
quiere disimularlo con ropas sueltas. Si uno le mira la cara no es gorda, pero
tiene cara de gorda. Si uno le mira las piernas, el culo, está bastante bien.
Pero es gorda. Era una gorda que no quería ser gorda, a veces. Se llamaba
Gloria.

                La otra,
Marina, estaba bastante bien. Bajita, rubiecita, mirada medianamente
inteligente. Pechos que llamaban la atención no por su tamaño, sino por su
rigidez. Cintura que se achicaba hasta desembocar en una linda colita, linda
sonrisa. Tenía pantalones rojos ajustados, que obligaban a imaginar su concha.

 

                Mis dos
amigos iban adelante y ellas dos subieron atrás conmigo. Enseguida mi ebriedad
activó mi locuacidad, y encontré que ellas compartían mi estado. Marina estaba
sentada en el medio.

                Primero
hablamos de una calcomanía de los Rolling Stones, y Gloria me nombró a los
Doors y entonces los tres empezamos a cantar un tema que dice: “When the music
is over turn off the light” y a golpear con nuestras manos el asiento de
adelante, haciéndole un poco de percusión al tema. De repente mis ojos se
enfrentaron con los de Gloria, y nos miramos fijamente y acerqué mi cabeza, por
sobre Marina, y le dije: “Dame un piquito” y me lo dio. Hablamos un poco más,
como restándole importancia al asunto, y luego volví a acercarme y le dije:
“Ahora dame un beso largo” y, sin ningún problema, me lo dio.

                Marina estaba
incómoda. Probablemente nunca habían transado con ella como un estorbo en el
medio. Pero a Gloria y a mí eso no parecía importarnos mucho. Marina decía
frases como: “Esta no es la forma” y “Nos bajamos acá”. Sin embargo, dejó de
mostrar su disconformidad cuando le dije: “Y a vos también te quiero besar” y
le encajé un beso y, por como se movió su lengua, supe que le gustó.

                Luego miré a
Gloria y le pregunté, pero sin culpa:

– ¿No te molesta, no?

– No – respondió la gordita -. Ella es mi mejor amiga.

                Habíamos
llegado al centro de Gesell. Mis amigos no habían prestado atención  a lo que había sucedido atrás y entonces se
sorprendieron cuando yo invité a las chicas al departamento que habíamos
alquilado, para tomar unas cervezas que nos habían sobrado. Les dejé el auto y
paré un taxi y nos sentamos los tres atrás, yo en el medio abrazándolas a las
dos. El taxista nos relojeaba por el espejito, cada cinco segundos. Creo que
también quería participar en la fiesta.

                En el
departamento abrí la heladera y encontré tres cervezas Quilmes de litro. Marina
enrrolló un porro. Pusé el disco Led Zeppelin II y, mientras escuchábamos todas
esas canciones, fumamos los porros y tomamos cerveza. Luego se me ocurrió que
podíamos jugar a las cartas, de esta forma: tirándolas y el que le tocaba algún
12, se debía sacar alguna de sus vestimentas. Las chicas aceptaron, encantadas,
entre el humo del porro, sus risas, y el sólo de guitarra de Jimi Page en
Heartbreaker.

                Así fue como,
por supuesto, Ley de Murphy mediante, yo fui el primero que tuve que quedar en
bolas, y las chicas se me reían, y Gloria (que ya mostraba sus tetas grandes y
colgantes) me empezó a frotar en el lugar que me gusta, que respondió
llenándose de sangre y duplicando su tamaño y a Marina parece que le gustó por
la forma en que empezó a chuparlo y entonces Gloria también quería chuparlo y
se empezaron a pelear.

                Mientras Marina
estaba tratando de llegar lo más al fondo posible, Gloria la agarró del cogote
y le apretó el cuello, gritando: “Yo también quiero, yo también quiero”. Logró
sacar a Marina y me lo empezó a chupar ella. Así acabé por primera vez. Gloria
parecía experta en el arte de chupar pijas.

                Enseguida les
pedí un poco de tranquilidad, mientras encendía un Camell y les convidaba uno a
cada una. Ellas se miraban con odio, y yo me sentía un profesor de secundaria
que tiene que darles un sermón a sus alumnos, porque se portaron mal.

– ¿No era qué ella era tu mejor amiga?

– Pero… ¡no sabés lo que es esta chica! – sollozó la
gordita -. Encima que tiene novio, y coge todos los días, también me saca a
todos los chicos que me gustan a mí. Vos me besaste a mí primero.

– Es mentira – se defendió Marina, la de las tetas que
no respetaban la Ley
de Gravedad -. Primero, me peleé con mi novio antes de venir de vacaciones.
Segundo, es mentira que te saco chicos. ¿A quién te saqué? Dale… decí, ¿a
quién te saqué?

                Gloria se
estaba por largar a llorar. Por alguna razón parecía que tenía miedo de
discutir con Marina.

– Bueno, bueno – intenté calmar yo -. Calma, calma.
Vamos a hacer así. Yo lo voy a hacer con las dos, para que no se peleen. Tiren
las cartas y la que saca el doce lo hace primero y luego la otra.

                Me quedaban
dos municiones y, la verdad, hubiese preferido gastar las dos con Marina, la de
mirada medianamente inteligente y los pesones duros. Pero me daban lástima las
lágrimas de Gloria.

– Y antes de tirar las cartas, sería mejor que se
hagan amigas. Densé un besito.

                Se lo dieron,
aunque noté resentimiento en la mirada de las dos.

                Así que
tiraron las cartas y ganó Marina. Nos fuimos a la habitación. A los pocos
minutos, ella fue arriba y empezó a moverse al principio lentamente y
aumentando la velocidad a medida que crecía nuestra excitación. Gemía y tiraba
la cabeza para atrás y se frotaba las tetas paradas con sus manos, ayudadas por
las mías que también acariciaban sus muslos y su cintura.

                En el momento
de mayor excitación, cuando yo ya acababa y ella casi gritaba, irrumpió en
escena Gloria, con un hacha bien afilada en la mano, y sin meditarlo mucho y
con todas sus fuerzas, cortó la cabeza de Marina que cayó al costado de la
cama, manchando toda la pieza de sangre.

                Por un
microsegundo pasó por mi mente una parte de una letra de una canción de los
Rolling Stones: “Y si querés eso, nena, podés sangrar sobre mi”.

                Lleno de
sangre, sin entender bien que pasaba, me encontré a punto de acabar con una
chica sin cabeza, cuyo cuerpo se había tornado más blanco, cuya concha seguía
un poco resbalosa por su flujo, cuyas tetas se habían ablandado un poco. Pero, como
seguía excitado, seguí moviendome un poco hasta que acabé y enseguida pensé:
“Acabé con una chica sin cabeza” y “Espero que Gloria no tenga ganas de
asesinarme a mí ahora”.

                Me saqué el
cuerpo decapitado de arriba mío, y lo dejé sobre la cama. Miré a Gloria con
intriga. Ya había dejado el hacha en el piso, miraba como una loca, pero no
parecía arrepentida.

– Ahora me toca a mí – dijo, suavemente, mientras
empujaba con desprecio el cuerpo de Marina al suelo y se acostaba en la cama,
cuyas sábanas blancas ahora eran rojas, gracias a la sangre de Marina.

                Yo le dije:
“Tengo que ir al baño a limpiarme un poco” y me levanté y me puse un short y
una remera y salí corriendo desesperado. Corrí sin parar hasta la comisaría
donde les conté todo y me creyeron porque yo tenía el pelo y el cuerpo manchado
de sangre, sin contar que tenía toda la verga pegajosa porque no me había
limpiado. Nunca pensé que iba a tener que ser un buchón de la cana, pero me
consoló esta idea: “Gloria está realmente loca, muy loca”.

                Cuando llegamos
con la cana, encontramos la habitación llena de sangre, el hacha
(afortunadamente, yo no la había tocado) y manchas de sangre que conducían
hasta la puerta.

                Al otro día
me enteraría que la policía encontró al amanecer a Gloria cavando dos hoyos en
la playa, con una palita de arena. Un hoyo del tamaño para enterrar una cabeza,
un hoyo del tamaño para enterrar un cuerpo de una chica que estaba bastante
buena y cogía re-bien.

 

                Cuando
volvieron mis amigos, y entraron a la pieza, y vieron toda la sangre, y vieron
mi cara blanca, me dijeron:

– ¿A cuántas desvirgaste?

                Me pregunté
si había salvado mis vacaciones, si había valido la pena esa aventura, si algún
día la iba a recordar con simpatía, o si cada vez que estuviese haciendo el
Amor con una chica iba a pensar en Gloria, entrando con su cara furiosa y su
hacha, dispuesta a cortar la cabeza a la chica, cuando yo estoy por acabar.

 

                Y tuve que ir
mil veces a declarar. Y los jueces juzgaron mi conducta moral, y todos mis
conocidos me pedían que les cuente la historia y no se la contaba a nadie.

                Me enteré que
Gloria fue a la cárcel y durante todo ese tiempo, nunca pude estar con una
mujer. Cada vez que lo intentaba, pensaba en Gloria y su hacha y no pasaba
nada, no podía hacerlo.

                Una noche de
agosto, varios años después del incidente de esas vacaciones, me enteré que
Gloria había muerto, asesinada en la cárcel. Esa noche me fui a un cabaret y
pude hacerlo. Aunque en un momento, cuando estaba por acabar, hubo un instante
de flaccidez cuando me imaginé a Gloria volviendo del infierno, a cortar la
cabeza de esa prostituta.

 

ALEJANDRO
LUIS RAMPAZZI

20/03/97

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