La Vida Sin Bizcochitos De Grasa

En uno de los últimos capítulos
de Tratame Bien, el personaje de Julio Chavez había sufrido un
preinfarto, y por eso su mujer le había preparado una de esas comidas horribles
para enfermos. El hijo trataba de convencerlo, diciéndole: “Comelo, papá. Mamá
lo preparó con Amor”. A lo que Julio le contestó: “Con Amor comelo vos. A mí dámelo
con Sal”.

 

Algo
parecido venía pensando yo el otro día, cuando volvía de la panadería-que-hacen-los-bizcochitos-de-grasa-más-ricos-del-mundo,
que queda en Luján, con una bolsa de bizcochitos y otra de cañoncitos de dulce
de leche, y pensaba que si tuviera toda la plata y el poder del mundo, pero no
podría comer bizcochitos, sería un infeliz. Es mejor ser un feo que come
bizcochitos que un modelo que no puede comerlos. Es mejor ser un pobre que
puede comprar cañoncitos de dulce de leche que ser un poderoso al que su médico
se los prohibió. La vida sin bizcochitos de grasa es una mierda.

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