El Capitán Trotamundos

Cuanto tenía 21 años, leí un libro de Stephen King llamado
Apocalipsis. Trata de un virus de
gripe sumamente contagioso que se escapa sin querer de un laboratorio secreto
del gobierno norteamericano, y que mata al 94,6% de la población mundial. Al
virus asesino se lo conoce como El Capitán
Trotamundos.

 

Los pocos sobrevivientes se van agrupando en dos grupos. Los
buenos son atraídos por la Madre Abigail
(una vieja de 104 años) y los malos toman partido por Randall Flag, el Hombre
Oscuro. Los malos se unen en Las Vegas.

 

En estos días me estuve acordando mucho de El Capitán Trotamundos. Cuando leí ese
libro, pensé: “¡Qué hijo de puta este Stephen King, las boludeces que se le
ocurren!” Pero lo leí porque en ese tiempo leía todo lo que podía sobre Stephen
King. Era diversión garantizada.

 

Me felicito a mí mismo por haber leído ese libro cuando
tenía 21 años. Hoy seguramente elegiría otro tipo de lectura, y me perdería
esta gran historia.

 

Como dato anecdótico, Apocalipsis
tiene 1300 páginas. Sí. Leyeron bien: 1300. En realidad fue una de las primeras
novelas de King, pero en 1975, los editores pelotudos lo obligaron a recortarle
400 páginas. Stephen las recortó casi llorando, pero 15 años después, cuando ya
era re-contra-hiper-mega exitoso, re-editó la versión completa (la anterior se
llamó The Stand, la nueva
Apocalipsis.) Se hizo una miniserie luego sobre este libro.

 

Algunas partes del prólogo de Apocalipsis:

 

Le ahorraré el relato de cómo se
escribió Apocalipsis. La cadena de
pensamientos que produce una novela rara vez interesa a nadie más que a los
aspirantes a novelistas. Tienden a creer que existe una “fórmula secreta” para
escribir una novela de éxito comercial; pero en realidad eso no existe. Tienes
una idea. En un momento dado te llega otra idea. Realizas una conexión de una
serie de ideas entre sí; unos cuantos personajes (por lo general, poco más que
sombras al principio) se surgieren a sí mismos; la mente del escritor imagina
un posible final (aunque cuando llega ese final, casi nunca se parece mucho a
lo que había imaginado el escritor); y, en un punto dado, se sienta con pluma y
papel, una máquina de escribir o un procesador de textos. Cuando preguntan: “¿Cómo
escribe?”, invariablemente respondo: “Una palabra cada vez”. Y la respuesta es siempre
rechazada. Pero así son las cosas. Parece demasiado sencillo para ser verdad;
pero considere, por favor, la Gran Muralla
china: una piedra cada vez, hombre… Eso es todo. Piedra a piedra. Pero he leído
que se puede ver esa cosa desde el espacio sin ayuda de un telescopio.

(…)

Las supresiones se realizaron por
mandato del departamento financiero. Realizaron el correspondiente escándalo de
los costes de producción, lo depositaron al lado de las ventas de tapa dura de
mis cuatro libros anteriores, y decidieron que un precio fuerte de 12,95 dólares
era lo más que el mercado podría soportar (¡comparen ese precio con el de
ahora, mis amigos y vecinos!) Se me preguntó si accedería a realizar los
cortes, o si prefería que los hiciese alguien del departamento editorial. Aunque
con desgano, convine en hacer la cirugía yo mismo. Me parece que mi trabajo fue
bastante bueno, para un escritor que ha sido acusado una y otra vez de tener
diarrea en el procesador de textos. Existe sólo un lugar (el viaje de Trascan Man’s a través del país desde
Indiana a Las Vegas) en el que se notaba que estaba lleno de cicatrices.

Etiquetas:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: