Teoría Sobre El Momento De Tocar Las Tetas (By Nick Hornby)


Nick Hornby, genial escritor inglés,
nos cuenta su teoría sobre el momento de tocar las tetas. Extraído de su libro
de 1995 High Fidelity. Primero cuenta
cuando se desesperaba por tocarle las tetas a su novia de 13 años, y luego lo
que pasa en general muchos años después.

 

Me gustaría poder contarte que
mantuvimos largas e interesantes conversaciones, que fuimos amigos durante
todos los años que duró nuestra adolescencia –desde luego, hubiese sido una
amiga fenomenal-, pero no creo que llegásemos a hablar nunca. Íbamos al cine, íbamos
a fiestas, a discotecas, y luchábamos a brazo partido. Luchábamos en su
dormitorio y en el mío, en el salón de su casa y en el de la mía, en los
dormitorios de las casas a las que íbamos de fiesta, en los salones de esas
mismas casas, y en verano luchábamos en el césped de los jardines. Luchábamos
por la misma cuestión siempre. A veces me aburría de tanto intentar tocarle los
pechos que procuraba tocarle la entrepierna, gesto que tenía algo de ingenio paródico:
era como si intentase que alguien me prestara cinco libras y como si, al
decirme que no, decidiera pedirle prestadas cincuenta.

 

(…)

 

Basta con leer cualquier revista
femenina para comprobar que se trata de la misma queja de siempre: los hombres,
o esos muchachitos, sólo que el cabo de diez, veinte o treinta años, son un
desastre en la cama. No les interesan los “juegos preliminares”; no tienen el
menor deseo de estimular las zonas erógenas propias del sexo opuesto; son egoístas,
codiciosos, torpes, nada sofisticados. Estas quejas, es inevitable percibirlo,
tienen un deje irónico. Por aquel entonces, lo único que nosotros buscábamos
eran los juegos preliminares, y a las chicas les importaban un pepino. No querían
que uno las tocase, las acariciase, las estimulase, las excitase; de hecho, te
daban un pellizcón si lo intentabas. Por eso no es de extrañar, a mi entender,
que no se nos dé nada bien. Nos pasamos dos o 
tres larguísimos años sumamente formativos, es verdad, aguantando un
chorreo constante para que ni siquiera pensáramos en ello. Entre los catorce y
los veinticuatro, eso de los juegos preliminares pasa de ser lo que los chicos
quieren y las chicas no, a ser lo que las mujeres desean y a los hombres les
importa un pimiento. (O eso es lo que dicen. A mí, la verdad es que me gustan
los juegos preliminares, sobro todo porque aquellas veces en que yo sólo quería
tocar están alarmantemente frescas en mi recuerdo.) El emparejamiento perfecto,
si quieres que te diga lo que pienso, es el que se daría entre la mujer
Cosmopolitan y el pibe de catorce años.

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