Del Día Que Le Mostré El Culo A Jesús Y Probe El Jamón Crudo Por Primera Vez

Por aquella época ni sabíamos que estábamos en la década
del 30, y andábamos todos peludos, bardudos, mugrientos. No existían las
peluquerías ni los cuchillos Tramontina, y encontrar una mina mayor de 13 años
que no fuera toda peluda era nuestra única obsesión, además de juntarnos a
escabiar vino. Vivíamos en Betsaida, cerca del Mar de Galilea.

 

Un día, viene un amigo y me
dice:

 

– Che, loco, ¡hoy hay morfi y
chupi gratis!

– ¿Dónde? – le pregunté.

– ¡Acá! – dijo, mientras se
tocaba sus genitales.

 

Me decepcioné pero enseguida
dijo:

 

– No, denserio, bolú.
Hoy, en la montaña, habla un chabón que se llama Jesús, que dicen que es
re-copado, y parece que van a dar de comer, y además van un montón de minas.

 

Esa tarde me dirigí hacia la
montaña junto a todos mis amigos, sin saber que estaba yendo a la primer acto
político de la historia, que con el tiempo se refinaría a cambio del “chori y
la Coca”.

 

Al llegar, nos encontramos con
más de 5.000 personas (como un Obras al palo) y el tal Jesús andaba sanando a
todos. Curaba a los leprosos, a los rengos, les devolvía la vista a los ciegos,
¡era un show! Pero a mí mucho no me interesaba porque estaba interesado en el
chupi y el morfi, aunque, al pasar por al lado de Jesús, le mostré el culo para
que viese mis hemorroides y él las curó sin tocarme. Un capo ese Jesús. Una
mina le pidió tener las tetas más grandes pero Jesús se negó argumentando que
se ocupaba de la salud pero no de la estética.

 

Uno de los barbones que andaban
con él, tenía a su lado una canasta con 5 panes y 2 pescados. Sospeché que eso
era lo único que había, y me pegué a ese tipo para por lo menos poder comer un
pan. Entonces oigo que el tipo le dice:

 

– Maestro, con esto nos vamos a
cagar de hambre.

– Denlé de morfar a todos – dijo
Jesús, y tomó un pan y lo partió, y ese pan se convirtió en otro, y ese en
otro, y toda la gente comenzó a avanlazarse sobre los panes, y había miles de
panes para todos. Después hizo lo mismo con el pescado, pero ni lo probé porque
el pescado crudo debe ser algo horrible, a pesar de lo que digan los
come-sushis.

 

Cuando ya se estaba yendo todo
el mundo con la panza llena, y mis amigos y yo estábamos fichando si había
alguna minita para encarar, veo que Jesús me llama aparte. El diálogo fue más o
menos el siguiente:

 

– Te tengo que pedir un favor.

– Lo que usted mande, Maestro.

– Como testigo de este
acontecimiento, te pido que lo difundas de alguna forma, en esta y en tus
próximas vidas.

– ¿Cómo próxima vida? – le dije
-. ¿No era que hay infierno y cielo? ¿Ahora resulta que yo me tengo que
reencarnar?

– Es todo más complicado de lo
que pensás – me dijo -. Hay distintos niveles evolutivos, y vos estás en un
nivel muy bajo, donde te esperan más de 500 reencarnaciones antes de alcanzar
el Paraíso junto a mi Padre. En el año 2009, en una de tus reencarnaciones,
podrás escribir cosas que cualquiera persona en el mundo podrá leer desde sus
casas ¡Escribe esta historia ahí!

– Está bien. Lo hago. Pero yo
también te voy a pedir un favor.

– ¿Acaso no te curé ya las
hemorroides?

– Sí, gracias, pero necesito
algo para ponerle a este pan.

 

Al instante aparecieron dentro
de mi pan dos fetas de jamón crudo exquisito. Y esa fue la primera vez que
probé el jamón crudo.

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