Enamorarse (Mi Alma Y Mi Mente Se Confabulan Para Hacerme Sentir Tupac-Amarú)

 
 

Enamorarse no parece ser algo muy bueno desde el sentido racional. ¿Para qué vamos a estar siempre con la misma persona si podemos andar picoteando por ahí? ¿Por qué imponernos ese auto-castigo? Sin embargo, el ser humano se compone de algo más que el aspecto racional. El alma es, entonces, la que busca que nos enamoremos. Por ende: ¿Qué hacer? ¿Qué nos conviene? ¿Cómo balanceamos las ganas de encontrar a nuestra alma gemela con las ganas de empomarnos a todas las que pasan con pantalón blanco ajustadito?

 

“La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento” (B.D.)

 

La fórmula (racional) es que no haya fórmula (alma.) La fórmula es no buscar enamorarse y a la vez no buscar no-enamorarse. Dios y/o la posición de los planetas y/o el horóscopo de la revista Viva de Clarín y/o el horóscopo de los chiclets Bazzoka de frutilla y/o el Facebook sabrán qué es lo mejor para vos. Pero si forzás tu enamoramiento o tu piratería, sufrirás porque caerás en las manos de un tal Belzebú, que es un señor muy elegante que se presenta diciendo: “Encantado de conocerte, supongo que sabrás mi nombre, pero lo que realmente debe desconcertarte es la naturaleza de mi juego”.

 

Cambiando de tema, León Gieco solía decir que las canciones tenían letras, música y alma. Tiene poco que ver pero me acordé y es un dato más para este blog tan interesante.

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