Mis Dos Compañeros De Trabajo, Carlos Y Alejandra

 
 

El martes 23/12 tuve la suerte que la secretaria de una oficina de al lado me sacase una foto junto a las dos personas que trabajo: mi jefe, Carlos, y nuestra secretaria, Alejandra. En ese brindis, el líder máximo del lugar donde liquidamos más de 2.500 recibos de sueldos cada mes, me dijo a la hora de brindar: “Ey, Alejandro, ¡estás tomando Coca Cola! El otro día, en la fiesta, te agarraste un pedo bárbaro y ahora estás tomando Coca Cola” (se refería a una fiesta de un sábado a la noche hacía un par de sábados donde me había agarrado un pedo lamentable). Hoy es 27/12 y todavía no tengo esa foto, pero cuando la tenga la voy a postear acá:

 

(incorporar foto con Carlos y Alejandra)

 

Quiero hablar un poco de ellos dos, de mis dos compañeros de trabajo, Carlos y Alejandra:

 

Carlos es la persona más culta que conocí en mi vida. Sabe muchísimo de literatura, de pintura, y sabe casi tanto como yo de rock. Encima, labura más que yo, y es una persona correcta y recta. Almorzar con él es un lujo que me doy cada día, porque de cualquier tema que le hablo él sabe más que yo y me da datos precisos y contundentes.

 

Su hijo vive en Alemania y es un DJ que “toca” por todo el mundo. Carlos y yo tenemos una visión parecida sobre lo que significa la “música electrónica” y los Beatles.

 

Alejandra, nuestra secretaria, es alguien a quien envidio profundamente porque siempre está de buen humor. Tiene la mejor onda del mundo, y no hay nadie que pueda competir con ella batiendo el café (hace el café más rico del mundo, cada vez que Carlos y yo volvemos de almorzar.) Nos trata como reyes a Carlos y a mí. Además de su buena onda, es la secretaria más eficiente que alguien podría desear. Por ejemplo, si pienso que hace dos meses firmé algo que no estaba del todo bien, le digo: “Alejandra, conseguime la copia de xx que firmé hace aproximadamente dos meses”, y al toque Alejandra viene con la copia, porque saca fotocopia de TODO y es hiper-eficiente. Hasta diría que es demasiado eficiente. Muy pocas veces trae a su hija al trabajo (tendrá 8 o 9 años). Una vez, su hija me preguntó: “¿Por qué vos estás siempre despeinado?” y Alejandra se avergonzó por esa pregunta, sin darse cuenta que lo que más me gusta de los chicos es que siempre dicen la verdad. Alejandra es genial y es un gusto laburar con ella.

 

Yo, que quiero ser escritor y mando libros a concursos donde siempre pierdo, a veces me pregunto si no era mi destino conocer a tan buena gente.

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