Piñas Van, Piñas Vienen

Cuando iba a la secundaria, a quinto año, se había puesto
de moda cagarse a trompadas en los boliches. Había uno en Luján que se llenaba
de “extranjeros” (entiéndase por gente de localidades vecinas) y todos los
viernes había muchas trompadas, generalmente muchos contra muchos. Recuerdo que
un viernes en la escuela un compañero me mostró que había enrrollado 20 monedas
de las más grandes en una cinta, para que las piñas que pegase esa noche
dolieran más. Yo le dije: “Qué bien” mientras pensaba: “¡Qué boludo! Con esas
20 monedas se podría tomar 3 birras de ¾.”

 

Yo nunca me metí en esas peleas porque soy pacifista
(todos los cobardes encontramos una buena excusa en el pacifismo. ¡Aguante
Kung-Fu! (Guan-chain-kein, quiero decir.) Me gustaba pensar que mientras los
boludos se estaban cagando a trompadas, yo estaba recitando una poesía al oído
de una chica con el exclusivo objeto de poder echarme un polvo o, al menos,
tocarle una teta. Casi siempre lograba recitar las poesías y casi nunca lograba
echarme el polvo, pero por lo menos siempre volvía con la cara sana. Las poesías
que recitaba eran buenísimas.

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Una respuesta to “Piñas Van, Piñas Vienen”

  1. Valeria Says:

    ups, por eso el link en el mensaje del facebook?. Que barbaridad. Te mando un beso.Vale

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