Axe

 
 

Una vez un Banco me invitó, como representante del lugar donde trabajo, a una cena en Puerto Madero. Me pagaban la cena, un hotel de cuatro estrellas, y un “desayuno de trabajo”, donde nos harían un regalo (que resultó ser un ajedrez lujoso con backgammon y otros juegos del estilo.) La cena era con más o menos 40 personas, representantes de distintos lugares (casi uno por provincia), a algunos de los cuales ya conocía de otras reuniones.

 

Nos subieron a un micro y los más kilomberos se subieron atrás, y parecíamos alumnos en una excursión, aunque yo debería ser el más jóven (la mayoría rondaba los 50 años, estaba pelado o medio pelado, era panzón y fumaba tabaco, o sea bastante parecidos a mí salvo por la edad.) Antes de llegar los del Banco nos dijeron que durante la cena estaba “prohibido hablar de trabajo”, que era una cena para distendirse. Alguien preguntó: “¿Nos podemos emborrachar?”, “Por supuesto”, respondió el del Banco.

 

Obviamente, los del Banco querían vendernos algo, así que se acercaban todo el tiempo para ver si la estábamos pasando bien y testear un poco las posibilidades. La cena era con espectáculo de tango, en esos restaurantes de Puerto Madero que están diseñados para turistas y son muy lujosos y te arrancan la cabeza. Así que morfamos y bebimos y canté todos esos tangos que conocemos todos (“siempre sueña con nuevos caminos la brújula loca de tu corazón”) y, cuando subimos al micro para volver al hotel, algunos le pidieron al chofer que los bajase en otra dirección. Eran cinco o seis, y me invitaron con un: “¿No bajás, flaco?” Yo no lo dudé un instante porque pensaba que se iban a un cabaret, pero solo fuimos a un bar a tomar unos champagnes. Entonces uno, el gracioso, dijo: “Les voy a mandar un mensajito diciéndoles que estamos con los del otro banco y nos están pagando el champagne”. Y él del Banco le respondió el mensaje: “Tenés que usar más Axe”. Para que esta anécdota resultara graciosa, tendrían que haber visto la cara del tipo. Dijo: “No puede ser. Mirá lo que me puso. Se debe haber confundido de destinatario del mensaje” y pidió otro champagne.

 

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