Una Pobre Víctima De La Inflación

 
 

En la segunda mitad de la década del 80, la inflación no dejaba que me desvirge. La idea era juntar plata para ir a un tugurio al que ya habían ido varios amigos, cercano a General Rodríguez, y conocido como La Tapera o El Quitapenas. Pero yo ahorraba mis monedas y veía que el alfajor hoy salía 0,50 australes, mañana 0,60, pasado 0,70 y me dije que a ese ritmo no iba a coger ni a comer alfajores. Un día, una tía abuela me regaló 10 australes. Me puse re-contento y pensé: “El viernes que viene la pongo, ¡por fin!”, pero al otro día me enteré, por unos amigos que habían ido el viernes anterior, que el polvo había aumentado de 20 australes a 30. Entonces me consolaba con pajas inflacionarias.

 

(Esta historia continuará solo para personas elegidas. Ja, ja, ja.)

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