El Lavadero De Autos Mala Onda

 
 

En 1996 supe que no sirvo para lavar el auto, después de haberlo intentado dos o tres veces y descubrir que el auto quedaba más sucio que antes (lo mismo me pasa con las ventanas, lo cual considero un arte.) Nunca pude descubrir los secretos de los trapos sucios y limpios y cuando se deben escurrir cada uno. En ese momento me dije: “Esto no es para mí” y supe también que un nuevo costo fijo había nacido en mi economía.

 

Siempre lavé los autos en los lavaderos más cercanos a mi casa, ya que me rompe las pelotas dejarlo, irme caminando hasta mi casa, y luego volver 2 o 3 horas después a buscarlo. Por suerte, siempre tuve lavaderos a menos de 2 cuadras.

 

Pero ahora me encuentro con el problema que el único lavadero cercano es un “Lavadero Mala Onda”. Hoy es la tercera y última vez que lo llevé, porque las 3 veces el dueño tuvo mala onda conmigo. Los diálogos son de este tipo:

 

YO: ¡Hola! ¿Puedo dejar el auto para lavar?

 

LAVADERO MALA ONDA: Sí.

 

Y: ¿Y a qué hora la vengo a buscar?

 

LMO: Estamos hasta las 7 y media.

 

Y: Vengo a las 7 y media entonces.

 

LMO: Estamos hasta las 7 y media.

 

Y: Bueno, ¿y cuánto cuesta?

 

LMO: tchentuchi.

 

Y: ¿Cuánto?

 

LMO: tchentuhi.

 

Y: Perdón, no te entiendo.

 

LMO (dejando de lavar, mirándome enojado y gritando): ¡Veinticinco!

 

Y: Ah, ok, lo dejé con la llave puesta.

 

(Y me calcé el MP3 Player, y volví caminando a mi casa pensando: “¡Qué puto del orto!”)

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