Cartas Que Uno Espera

 

Una vez escuché en la Rock & Pop que un chico jugaba en un equipo de rugby (creo) que viajaba por todo el mundo. Entonces se habían afanado un Enanito de Jardín y lo llevaban por todos lados como una especie de mascota del equipo. Lo gracioso es que le mandaban fotos por correo al original dueño del Enanito, desde todos los lugares turísticos del mundo (por ejemplo, en la Torre Eiffel). Luego que terminaron la gira se lo devolvieron y el dueño estaba muy agradecido de que hayan llevado a su enano a pasear por todo el mundo, y les contó que esperaba ansioso las cartas para saber por dónde estaba su Enanito.

 

En su “El Libro De Los Abrazos”, Eduardo Galeano cuenta una historia diferente pero parecida:

 

Sucedidos/2

 

Antaño Don Verídico sembró casas y gente en torno al boliche El Resorte, para que el boliche no se quedara solo. Este sucedido sucedió, dicen que dicen, en el pueblo por él nacido.

Y dicen que dicen que había allí un tesoro, escondido en la casa del viejito calandraca.

Una vez por mes, el viejito, que estaba en las últimas, se levantaba de la cama y se iba a cobrar la jubilación.

Aprovechando la ausencia, unos ladrones, venidos de Montevideo, le invadieron la casa.

Los ladrones buscaron y rebuscaron el tesoro en cada recoveco. Lo único que encontraron fue un baúl de madera, tapado de cobijas, en un rincón del sótano. El tremendo candado que lo defendía resistió, invicto, el ataque de las ganzúas.

Así que se llevaron el baúl. Y cuando por fin consiguieron abrirlo, ya lejos de allí, descubrieron que el baúl estaba lleno de cartas. Eran las cartas de amor que el viejito había recibido a lo largo de su larga vida.

Los ladrones iban a quemar las cartas. Se discutió. Finalmente, decidieron devolverlas. Y de a una. Una por semana.

Desde entonces, al mediodía de cada lunes, el viejito se sentaba en lo alto de la loma. Allá esperaba que apareciera el cartero por el camino. No bien veía asomar el caballo, gordo de alforjas, por entre los árboles, el viejito se echaba a correr. El cartero, que ya sabía, le traía su carta en la mano.

Y hasta san Pedro escuchaba los latidos de ese corazón loco de la alegría de recibir palabras de mujer.

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7 comentarios to “Cartas Que Uno Espera”

  1. el wachon Says:

    askzo00000000000000000

  2. el wachon Says:

    me encantaa ezste kuentoooooooo

  3. el wachon Says:

    mentira cho0maz0….

  4. el wachon Says:

    chupame el piito0oo

  5. yutu11 Says:

    esta feazo esto

  6. yutu11 Says:

    putozo

  7. el wachon Says:

    escribiii un cuent0 qe este bueno0

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