Camionero

 

 

Aunque cueste creerlo, yo fui camionero de La Serenísima, durante poco menos de un mes. El padre de un amigo tenía un camión con el reparto en Vicente Lopez, así que en febrero de 1989 le dio vacaciones a un empleado y fuimos a reemplazarlo mi amigo y yo. Nos despertábamos a las 2 de la mañana, nos tomábamos un bondi hasta Gral. Rodríguez (La Serenísima), nos subíamos al camión y viajábamos hasta Vicente Lopez en la parte de atrás (con barras de hielo para mantener todos los productos.) Llegábamos muertos de frío, y descargábamos la mitad del camión en un Supermercado. Luego, durante toda la mañana, descargábamos el resto del camión en (calculo) más de 100 almacenes y restaurantes de Vicente Lopez, y luego cobrábamos en cada uno y tomábamos el pedido para el día siguiente. Como a las dos de la tarde recién emprendíamos la vuelta.

Lo mejor de la experiencia fue que podía comer todos los Serenitos que quería (dejando el envase La Serenísima los reponía gratuitamente) y que el chofer y el otro gordito que trabajaban eran muy graciosos y piropeaban a las chicas de manera muy bizarra. Ahí aprendí un piropo muy elegante:

 

“Mamita, decime el nombre de tu ginecólogo así voy y le chupo los dedos”.

 

Para sentirme mejor, compensaba mi falta de fortaleza física con un entusiasmo a prueba de todo (no quería que por nada del mundo los otros empleados pensaran que yo entorpecía en lugar de ayudar.) Bajábamos de a dos o tres bandejas (con 15 sachets de leche cada una y otros productos) en cada almacén, y yo me cagaba haciendo fuerza pero lo hacía sin quejarme NUNCA. Un día que estaba húmedo salté del camión con una bandeja y apoyé mi pie en un paragolpe muy humedecido. Resbalé y los 15 sachets y sus productos fueron a parar al piso. El camionero, viendo mi cara de compungido, me dijo: “No te preocupés que lo paga Mastellone.”

 

Como últimos recuerdos de mi experiencia camionera, recuerdo que había una vieja odiosa dueña de un almacén que, cada vez que entrábamos y le decíamos “Buen Día” nos respondía: “Serán para usted” o “Si usted lo dice” con tono de “¡Qué mierda que es la vida!”. También que me gasté gran parte de lo ganado en el disco Cómo Conseguir Chicas de Charly (en esa época los discos eran CARÍSIMOS) y que una vez, volvía recontracansado en la parte de atrás del camión, sentado arriba de una de esas bandejas verdes, medio dormido, con la puerta abierta, y el chofer de otro camión que venía atrás me despertó tocándome bocina y haciéndome señas de pajero. No entendía por qué hasta que me di cuenta que era porque en la puerta abierta de nuestro camión había una foto de unas minas en bolas que habían pegado los otros camioneros. Les sonreí, los saludé, y decidí comerme otro Serenito porque ya estábamos por llegar.

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