Number 9, Number 9, Number 9

 
 
Mis 35 años podrían dividirse en etapas claramente definidas donde mi mente fue ocupada casi todo el tiempo por una mujer. Quizás los mejores momentos fueron los pocos en que ninguna de estas me obsesionaba. Este es el listado:
 
1.- Fui todo la primaria con ella, y estuve re-obsesionado, pero no creo que nunca se haya dado cuenta. Era la mejor alumna y, para mí, también la más linda. No bien terminamos la secundaria, quedó embarazada de un desconcodido y todos estabámos sorprendidos porque parecía la más virga. Muchísimos años después, solía visitar junto a sus hijos a una vecina mía. Me parecía muy extraño ver a una chica de mi edad madre de chicos apenas más grande que las chicas con las que yo salía en ese momento.
 
2.- Otra que ocupó mis pensamientos gran parte de la secundaria, pero tampoco sin nada de onda. Creo que me gustaba tanto porque me parecía que estaba buenísima y nadie se daba cuenta. No pasé de sacarla a bailar en un par de cumpleaños de 15.
 
3.- Una con la que salí dos años y medio (mi única novia oficial.) La conocí en un boliche y me dejó impresionado porque tenía “9 libros de los Beatles”. Nos queríamos muchísimo y no podíamos vivir el uno sin el otro, hasta que me hinchó demasiado los huevos. Luego de la ruptura, seguimos extraoficialmente algunos años más. Ahora creo que se casó.
 
4.- Una que me re-obsesionó porque era HERMOSA, y la encaraba y la encaraba y ella me rebotaba y me rebotaba. Pero insistí tanto que terminé haciéndome amigo.
 
5.- Una con la que hablé una noche en un boliche y me agarró una obsesión de varios años que me hizo sufrir mucho. No era muy linda, pero era re-cool y culta y tenía dos tetas monumentales. La última vez que salí, ella tenía novio y el novio la llamaba a cada rato por el celular. ¡Qué bajón!
 
6.- El caso más extraño: una de Merlo que conocí una vez en un boliche y también me enamoré casi al instante. Era hermosa. Había nacido 15 días después que yo y hasta su apellido era muy parecido. Como no existía el e-mail, comencé a mandarles cartas (por correo.) Esas cartas eran BUENÍSIMAS (cada vez que terminaba una pensaba: “Después de esta se va a enamorar de mí”.) Yo iba re-contento al correo. Le escribí 21 cartas, muchas de ellas de más de 50 páginas. Estaba super inspirado en ese momento. Con todas esas cartas podría editar un libro, y esas cartas son una especie de antecedente de lo que hoy es este Space. Terminé yendo a su casa porque hasta su mamá me quería conocer. Nunca me contestó una carta, pero varias veces me llamó para decirme que había empezado muchas pero no la conformaban y por eso no las enviaba. Una vez vino a Luján y nos encontramos “casualmente”, pero luego sus amigas me dijeron que ella había solicitado venir para verme. Esa noche le tomé una especie de examen para ver si había leído con atención cada una de las cartas, y respondió TODAS las preguntas con mucha precisión (se nota que las había leído varias veces.) Ahora perdí todo el rastro (presiento que se fue a vivir a otro país.)
 
7.- Una chica 13 años y medio menor que yo, de Vicente Lopez, que conocí por chat y nos obsesionamos, y luego veía casi todos los fines de semana. Con ella pasé algunos de los momentos más felices de mi vida. Pero con el tiempo es como que se cansó de mí, y dejar de verla fue muy doloroso. No era muy linda ni nada, pero era exactamente la mujer que yo quería, la más cool de todas. Un año después del dolor, volví a ir a la casa (sus padres estaban de vacaciones) y, mientras me mostraba fotos y discos de vinilo, volví a sentir el mismo sentimiento de antes.
 
8.- Una chica que estaba recontrasuper buena, de esas que uno piensa que nunca le va a dar bola a un gil como uno. Luego de muchos años de encararla sin ton ni son, logré revertir la situación, pero al mismo tiempo me mandaba cagadas imperdonables. Creo que ella estaba acomplejada con que estaba muy buena pero creía que no era muy inteligente, y quería demostrar lo contrario. Al final, terminó embarazada de otro al que ella misma consideraba un gil.
 
9.- Mi última obsesión, otra de las más dolorosas. La conocí en el año 2000, cuando ella tenía 15 y yo 29, pero no me obsesioné hasta que tenía 18. Hice miles de cosas por ella, y ella las reconoce y sabe que me debe mucho, pero nunca se decide a hacer justicia. Nos tratamos con mucho respeto porque ambos somos muy tímidos.

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