Dios

 

Lo siguiente está extraído del libro Milagro En Los Andes de Nando Parrado, uno de los sobrevivientes (el más héroe) de la tragedia ocurrida en 1972 en la Cordillera de los Andes, donde se cayó un avión con un equipo de rugby uruguayo, y estuvieron 72 días ahí perdidos en la Cordillera.

 

Arturo era diferente al resto. Era sobre todo un socialista apasionado y su opinión flexible sobre el capitalismo y la búsqueda de la riqueza personal lo convertía en una especie de excéntrico en medio del mundo de opulencia y privilegios en que la mayoría de nosotros nos habíamos criado. (…) No le asustaba cuestionar cualquiera de las normas de la sociedad convencional ni condenar nuestro sistema de gobierno y de economía, que creía que servía a los poderosos a costa de los débiles.

(…)

– ¿Cómo puedes estar tan seguro de que todos los libros sagrados del mundo, aquellos en los que te enseñaron a creer, son la única palabra auténtica de Dios? – solía preguntar -. ¿Cómo sabes que tu idea de Dios es la única cierta? Somos un país católico porque llegaron los conquistadores españoles y sometieron a los aborígenes, reemplazando el Dios de los aborígenes por Jesucristo. Si los musulmanes hubieran conquista América del Sur, todos rezaríamos a Mahoma en vez de a Jesús.

Las ideas de Arturo me perturbaban pero, a pesar de su tajante forma de pensar y de todo su escepticismo religioso, también me fascinaba comprobar que era una persona muy espiritual.

– ¿Qué bien nos hace Dios? – respondí-. ¿Dejaría que mi madre y mi hermana murieran de un modo tan insensato? Si nos ama tanto, ¿por qué nos deja aquí para que suframos?

– Estás furioso con el Dios que te enseñaron a creer de pequeño –contestó Arturo-. El Dios que se supone que te cuida y que te protege, que responde a tus plegarias y perdona tus pecados. Ese Dios es sólo una leyenda. Las religiones intentan capturar a Dios, pero Dios está más allá de la religión. El verdadero Dios reside más allá de nuestro entendimiento. No podemos entender Su voluntad; es algo que no se puede explicar en un libro. Ni nos abandonó ni vendrá a salvarnos. Él no tiene nada que ver con el hecho de que estemos acá. Dios no cambia: simplemente es. Yo no rezo a Dios para que me haga favores, sino que sólo le rezo para estar más cerca de él y, cuando lo hago, el corazón se me llena de amor. Cuando rezo de esa forma, sé que Dios es, sin duda, amor. Al sentir ese amor recuerdo que no necesitamos ni ángeles ni cielo, porque todos formamos parte de Dios.

Negué con la cabeza.

-Tengo tantas dudas… – dije-. Creo que me he ganado el derecho a dudar.

– Confía en tus dudas – respondió Arturo-. Si tienes agallas para dudar de Dios y de cuestionar todo lo que te han enseñado sobre Él, entonces seguro lo encontrarás. Está cerca de nosotros, Nando. Lo noto a nuestro alrededor. Abre los ojos y lo verás.

Miré a Arturo, ese joven apasionado y socialista tumbado en una hamaca con las piernas rotas como palos y los ojos brillantes de fe y coraje, y sentí de repente un gran afecto por él. Sus palabras me conmovieron profundamente. ¿Cómo podía un muchacho conocerse tan bien? Hablar con Arturo me llevó a asumir que nunca me había tomado mi propia vida en serio. Había dado muchas cosas por sentado, gastando mis energías en chicas, automóviles y fiestas y dejándome llevar por la vida de un modo improvisado. (…)

Me incliné hacia delante y coloqué el brazo y el hombro en el ancho pecho de Arturo para hacerle entrar en calor. Mientras escuchaba su respiración rítmica y notaba a veces cómo se le tensaba el cuerpo por el dolor, me dije: “Éste es un hombre de verdad.”

 

(…)

 

En los años que han transcurrido desde la tragedia, a menudo he pensado en mi amigo Arturo Nogueira y las conversaciones sobre Dios que mantuvimos en la montaña. Muchos de los supervivientes afirman que sentían que Dios estaba presente allí. (…)

No me interesa ningún Dios que pueda ser comprendido, que nos hable desde un libro sagrado o de cualquier otro modo y que juegue con nuestras vidas con arreglo a un plan divino, como si fuéramos personajes de una obra de teatro. ¿Cómo puedo encontrar sentido a un Dios que pone a una religión por encima del resto, que responde a una plegaria y hace caso omiso de otra, que envía a dieciséis jóvenes de regreso a casa y deja a los veintinueve restantes muertos en la montaña? (…)

Ahora estoy convencido de que, si hay algo divino en el universo, la única forma de en que lo encontraré es a través del amor que siento por mi familia y mis amigos y a través del simple y maravilloso hecho de estar vivo. No necesito más conocimiento ni filosofía que los siguientes: mi deber es llenar mi estancia en la Tierra con la mayor cantidad de vida posible, volverme un poco más humano cada día y entender que sólo nos volvemos humanos cuando amamos. He tratado de querer a mis hijas con lealtad y generosidad. He amado a mis hijas con todas mis fuerzas. Y he querido a una mujer con un amor que ha llenado mi vida de sentido y de alegría. He sufrido grandes pérdidas y me han obsequiado con grandes consuelos pero, con independencia de que me dé o me quite la vida, éste es el concepto básico que siempre la iluminará: he amado con pasión, sin temor, con toda mi alma y mi corazón y ese amor me ha sido devuelto. Para mí, eso es suficiente.

 

 

Little House On The Prairie (La Familia Ingalls.)

 

Episodio 44 (Último de la segunda temporada). – GOING HOME (escrita por Michael Landon.) (Este capítulo me impactó cuando era chiquito, porque por primera vez me enfrenté al hecho que Dios podía “castigar” a alguien que hacía todo bien, como Charles Ingalls.

 

(Escena en el granero destrozado por una tormenta, así como toda la cosecha. Charles de espalda)

 

Caroline: Veo que encontraste los caballos.

 

Charles: Sí. (larga pausa) ¿Por qué? En el nombre del buen Dios… Yo hubiera sembrado hoy, Caroline. Tu viste como estaba el maíz: ¡más alto que tu cabeza! Creí que por primera vez, ¡por una vez!, todo nos iba a salir bien. ¿Por qué?

 

Caroline: No lo sé.

 

Charles: Yo nunca le hecho daño a nadie, jamás. He procurado vivir como Dios manda. ¿Por qué me tenía que castigar? ¿Por qué a mí, Caroline?

 

Caroline: ¡Oh, Charles! ¡Dios no te está castigando!

 

Charles: ¿Entonces por qué pasó?

 

Caroline: Solo estaba probando tu Fe… una vez más.

 

Charles: ¡Oh, no! ¡Otra vez no! Es que ya no me quedan fuerzas. Me siento muy cansado. Si hay algo que me quiere decir es que  vuelva a casa, quiere que vuelva al bosque, a mi pueblo natal. Me estoy cansando.

 

 

(Laura Ingalls va a la Iglesia a conversar con el Reverendo Alden)

 

R.A: Vaya, Laura Ingalls. ¡Has madrugado hoy!

 

L.I.: Quería hablar con usted.

 

R.A.: Soy todo oídos.

 

L.I.: Mi papá no vendrá al servicio hoy. Mi papá se quiere quedar a arreglar la carreta pues quiere que nos vayamos en cuanto el terreno se venda.

 

R.A.: La señora Whirpool me contó lo que había sucedido. ¿Por qué no te sientas?

 

L.I.: Mamá quería que papá viniera al servicio hoy, pero no quiso, y no creo que haya sido por la carreta.

 

R.A.: ¿Entonces por qué?

 

L.I.: Ya sé que esto se oye feo pero… creo que está disgustado con Dios.

 

R.A.: ¿Por qué dices eso? Él siempre ha sido un hombre devoto.

 

L.I.: Eso ya lo sé, y lo sigue siendo, pero… pero creo que piensa que Dios ya no lo quiere, por lo que pasó.

 

R.A.: Ya veo. ¿Y qué piensas tú?

 

L.I.: Lo único que sé es que papá no haría nada para lastimar a Dios, no intencionalmente.

 

R.A.: Estoy seguro de que no.

 

L.I.: Lo que yo había pensado es que Dios tiene a tantas personas a quien cuidar que probablemente confundió a papá con otra persona, con alguien muy malo.

 

R.A.: Es posible, supongo. Y algunas personas dirán: “¿Por qué le pasaría a él si era tan bueno?”. Pero, ¿sabés algo?, Dios no protege de las desgracias a todas las personas buenas. Lo que sí nos da es la fuerza para vencer las malas etapas.

 

L.I.: Tal vez a papá se le acabaron sus fuerzas. La otra noche por primera vez lo vi… viejo.

 

R.A.: Entonces tenemos que darle más fuerzas, ¿no creés?

 

L.I.: Sí, pero… ¿cómo?

 

R.A.: Estamos en un buen lugar para comenzar. ¿Por qué no le pedimos a Dios tú y yo juntos, cada uno en silencio a nuestra manera?

 

(Se toman de las manos y comienzan a rezar en silencio.)

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