Springtime

 

Ayer, la primavera empezó con muchas cosas interesantes.

 

Fui al cine a ver Camino A San Diego, otra película de Amor Maradoniano, en este caso escrita y dirigida por Carlos Sorín, que es un tipo que hace cine sin actores. Esta película trata de un tal “Tati” Benitez, que vive en un pueblo chiquitísimo de Misiones y es maradoniano a muerte. Al enterarse que Maradona está internado en la Clínica Suizo-Argentina, decide ir a verlo desde Misiones, metiéndose en una aventura emocionante. Lo bueno es que llevaba una “estatua” de Maradona, que solo la veíamos los que sabemos lo que es el amor maradoniano (el resto veía solo un tronco.) También estaba bueno que durante toda la película, el que hacía de “Tati” Benitez tenía un brillito en los ojos muy impactante. Salí del cine re-contento, pero escuché el siguiente diálogo entre una señora de culo muy grande (que no se daba cuenta que con semejante culo no debería usar jeans) y su hijo también MUY gordo, de aproximadamente 10 años:

Hijo: ¡Qué película del orto!

Madre: Yí, yo sabía que no teníamos que venir. La prósima vez vamos a ver una de dibujitos.

Hijo: Sí, ¡son mucho mejores!

Luego los volví a ver: estaban cagando a puteadas a alguien por celular porque no los venía a buscar.

Yo me quedé pensando en que si fuera Maradona y veo esa película, primero lloraría tres días seguidos, y luego agarraría mi auto y me iría al interior del país, a dejar que los maradonianos me inviten a comer en sus casas, en los pueblitos más chiquitos de todos. El interior debe estar lleno de maradonianos y de gente buena y sensible.

 

Luego me compré el disco de Fito Páez El Mundo Cabe En Una Canción (que había salido ese día), y las zapatillas más lindas que vi en mi vida. Mientras compraba las zapatillas, escuché por la radio parte del regreso de Callejeros. Estaban tocando Una Nueva Noche Fría, y me pareció un momento de mucha emoción.

 

Me fui escuchando el disco de Fito, el cual me resultó muy agradable en esa primera oída. Me encanta que Fito haga doce canciones nuevas, sin demasiadas pretensiones. Ya no quiere hacer El Gran Disco De Su Vida (ya lo hizo), así que se conforma con hacer agradables canciones que hablan de la vida, el amor, y cuentan algunas historias. ¡Buenísimo!

 

Fui para el Pepsi Music, donde era la noche de Homenaje al Rock Nacional. Primero tocó Memphis La Blusera y me trajo muchos recuerdos de lo mucho que me gustaba esa banda antes de su tinelización (igual me sigue gustando.) Luego tocó el Bahiano, cuyo acento para las canciones dejó de gustarme en 1988. A pesar de lo poco que esperaba, estuvo bastante bueno, con covers de The Police, Bob Marley y Los Pericos. Luego vino el Homenaje, con Lito Vitale y una banda de rock, una orquesta grosísima (la orquesta Juan de Dios Filiberto) y muchos invitados, tocando todos temas del rock nacional. Pasaron temas de Los Gatos, Arco Iris, Virus, Los Piojos, Bersuit, La Renga, Soda Stereo, Invisible, Divididos, Los Redondos, Sui Géneris, Pedro y Pablo, León Gieco, Serú Girán y Los Abuelos de la Nada. Lo mejor fue Baglietto cantando Ji Ji Ji (¡pogo con Baglietto!) y luego Dime Quién Me Lo Robó. Pedro Aznar tocó Catalina Bahía y Pensar En Nada. A medida que iban pasando todos esos temas, me acordé de la primera vez que escuché cada uno (algunos cuando salieron) y fue como meterme en una máquina del tiempo. Luego me volví escuchando el disco nuevo de Fito y me di cuenta que quizás en 20 años me acordaría que ese día los escuché por primera vez (quizás cuando dentro de 20 años haya un homenaje muy cojudo para Fito, que se lo merece.)

También tocó Luis Alberto Spinetta, mezclando varios de sus temas nuevos con algunos de sus clásicos. Estuvo muy bueno salvo que atrás tenía un molesto demasiado fuera de sus cabales, que además olía muy mal, se caía sobre la gente, y le gritaba “¡Gato!” a Spinetta (yo entiendo que la gente que no sabe hablar mucho se llamen entre sí “Gato”, pero de ahí a gritarle a Spinetta: “Dale, Gato, tocá” pero me parece que hay un trecho muy grande. ¿Por qué no fue al recital de cumbia villera?)

 

Llegué cuando la videograbadora estaba terminando de grabar Hermanos y Detectivas. Miré ese tercer capítulo y me pareció GENIAL, INCREÍBLE, ESTUPENDO, LO MÁS DE LO MÁS. ¡No podía creerlo! Me reí todo el capítulo con los cientos de detalles (genial cuando Mansilla intentaba espiar el botón de un saco de un gordo mientras meaba, y el gordo pensaba que le quería pispear la pija.) Y el final con ese “Para mí su programa es una garcha” me mató.

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