El Che Guevara De La Música

 

Acabo de terminar de leer el libro Una Mirada. Reflexiones & Anécdotas de Vida de Litto Nebbia. Este libro fue escrito en 1998, pero recién se editó en el 2004. Yo hace mucho que lo quería leer porque había leído unas partes y me habían impresionado mucho, pero recién lo pude leer en estos días porque nunca lo veía en las librerías. Es muy caro ($ 38) porque viene con un cd con canciones inéditas (como si no tuviese discos, tiene más de 60). En el libro, Litto reflexiona de manera desordenada sobre su historia (a veces mediante reportajes) y sobre escribir, el arte, el Amor, el sexo, la energía, la seducción, la Verdad, el cine, sus amigos, sus viajes, la timidez, su niñez, las canciones, los gatos (no su grupo de rock ni las chicas exhuberantes que les gusta la plata, sino sobre los felinos), los autos, la dignidad, la política, sus grupos musicales, sus discos, Enrique Cadícamo, Gardel, el tango, sus músicas favoritas y sus padres.

 

Si quisiera transcribir las mejores partes del libro… ¡debería transcribirlas todas!

 

Lo que más me impresionó de su historia fueron sus padres: dos tipos totalmente bohemios que lograron impregnarle a su hijo un Amor por el arte que lo convirtió en la excelente persona que es. Litto tiene un sello discográfico con el que se la pasa editando MÚSICA DE EXCELENTE CALIDAD que está fuera de los circuitos comerciales, por eso la mayoría de las veces pierde dinero, aunque eso no lo tira para atrás. Hasta sus propios discos están totalmente ajenos al oyente masivo y bastante lejano del oyente sensible. Quizás con su próximo disco en colaboración con Andrés Calamaro, que saldrá en noviembre y se titulará El Palacio De Las Flowers, se aproxime un poco al oyente sensible y hasta incluso quizás tenga algo de llegada al oyente masivo. Esto se deberá pura y exclusivamente a que, por ser un disco junto a Calamaro, tendrá una difusión que cualquier disco Melopea no tiene.

 

Algunos fragmentos sobre los padres de Litto Nebbia:

 

Cuando era chico cantaba tanguitos con mi viejo, que escuchaba todo. Mi viejo llegó a ser cantante de la orquesta de Miguel Caló, mi vieja fue la pianista del primer conjunto de tangos de mujeres de Rosario, cinco años antes que yo naciera. Las querían matar, porque eran catorce minas: Orquesta típica de señorita Los Colonos. Mi vieja se tuvo que escapar de la casa por eso. (…)

O íbamos nosotros a lugares que tocaban porque ésa era la época brava de Rosario, donde todas las orquestas de tango iban a tocar ahí. Se quedaban dos o tres semanas. Había una actividad de bohemia infernal ahí. Y mis viejos eran de ese ambiente. Y yo, como tenía afinidad desde chico con la música y era hijo único, salía con ellos. Así que yo tenía diez, once años y andaba piringundeando hasta las cuatro de la mañana. Por supuesto que no tomaba alcohol ni nada, pero estaba con ellos.

 

(…)

 

Mi viejo era un tipo de una intuición musical terrible y una increíble afinación.

Sobre la música que escuchaba hacía comentarios siempre certeros y con detalles que no se te ocurrirían. (…) Le gustaban los Beach Boys, las melodías y cómo cantaban lo que él llamaba “media voz”, falsetto dulce. (…) Tenía la manía de sacar la melodía interior que uno tiene y que hay que improvisar constantemente sobre cualquier cosa que uno oye por la radio, en el colectivo o donde sea. Se pasaba horas haciéndolo. Yo hacía eso todo el día desde que tenía 8 años, todo el tiempo. (…)

La idea de mi viejo era hacer todo muy vertiginoso.

También, la de mi vieja, que es música y hace diez cosas distintas por día.

Creo que por eso soy así. Me da placer trabajar, poner el lomo y estar en muchos proyectos a la vez.

Ellos me enseñaron que uno puede estar simultáneamente en diez proyectos siempre y cuando estén unificados por una estética secreta, personal. Por eso no salen disímiles, porque parten de una idea central.

También me enseñaron, que de todo lo que hago que me gusta no debo esperar nada… el premio es poder hacerlo…

(…)
Hay dos o tres cosas “normales” que no sé hacer: nunca jugué al fútbol ni sé nadar…

Lo mismo que mi vieja: no sabe cocinar… pero toca cinco instrumentos, escribe poesía, hace cerámica, yoga y dibujo… dedicó el tiempo a otras cosas, y sus amistades o la gente con la que siempre se sintió más cómoda giraban sobre este tipo de asuntos.

A mí me pasó un poco lo mismo. Estaba todo el día con mi vieja, y cuando llegaba mi viejo a la noche, nos íbamos al cine. Lo hacíamos tres o cuatro veces por semana, en esa época donde daban tres películas por función. Sabíamos un montón de cine; fanáticos…

Algunos fines de semana tocábamos cuando había laburo. Hacíamos una cosa que se llamaba la Embajada Artística, que recorría los pueblos y donde, además de nosotros tres, iba un cómico, un cantante de tangos y un mago, que era John Carver con su muñeco Corchito, nada menos que el hermano de mi vieja… mi tío Cacho.

Recorríamos los pueblos cercanos a Rosario, y era un trabajo que salía por tracción a sangre.

(…)

Vivíamos de eso y de los alumnos que mis viejos atendían en la pieza de la pensión en la que vivíamos.

Etiquetas:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: