El Aguante

 

En 1997 Charly García hizo un reportaje en Clarín, y además entregó al gran diario argentino una copia de su aún inédita nueva canción, titulada El Aguante. Por primera vez desconfié de Charly García. La letra me parecía un chiste, una cargada, y lo que más me asombraba es que Charly hablaba orgullosamente de esa canción, incluso entregaba la letra al diario para que la publiquen.

 

Con el tiempo, enterado de miles de situaciones de la vida de Charly García, entendí un poco mejor la letra.

 

Charly García odia a su mamá porque ella lo internó y luego quiso volver a internarlo varias veces, y él siente que no necesita internarse. Las internaciones fueron entre el 91 y el 94 (y luego hubo otras frustradas.) Yo entiendo que la madre de Charly ame a su hijo y crea que lo mejor es internarlo, pero nadie puede negar que el tiempo le dio la razón a Charly, ya que 15 años después sigue vivito, coleando, y haciendo las mismas cosas por las que querían internarlo. Charly ha hablado de este tema en muchos reportajes, incluso en uno que salió el 11/08/2006 en Clarín, que dice:

 

-¿Tu familia es tu principal enemigo?

 

-A mí me internaron dos veces. Me pegaron, me inyectaron de todo, me hicieron mierda. Eso lo hace un enemigo, y mi vieja fue la que aceptó y promovió todo. Entonces, qué querés que te diga, men. Yo elegí una vida y ellos no me dejan vivirla. Cualquiera deja la cocaína. Dice chau y listo. Pero no es una cuestión de droga. La persecución viene de antes. En la dictadura, por ejemplo. Yo era izquierdista y para ellos estaba mal. Estuve en el Partido Comunista Revolucionario y no se lo bancaban. Todo eso es persecuciòn y viene de lejos. Son cosas que no se olvidan, que no se perdonan, que te marcan y te marcan mal. Los que me persiguen son enemigos. Pero, bueno, soy la prueba de que esta vida es posible.

 

-¿Y tu hijo?

 

-El ya dijo que me ama.

 

El 2.004 fue uno de los mejores años de la carrera de Charly García en cuanto a la calidad de sus recitales en vivo. Basta recordar (o volver a escuchar) el Konex 2004, los 5 Obras, el Quilmes Rock bajo la lluvia (INOLVIDABLE), e incluso el Say No More Summer Tour 2005 y el Konek 2005 en febrero en Luján. En uno de esos Obras (creo que en La Venganza II), cuando tocó más de 40 temas, en el momento que tocó El Aguante tuve un instante de iluminación y sentí culpa por haber dudado en 1997 de la calidad de Charly. Entendí (sin pensarlo, como deben entenderse las cosas) por qué había hecho esa canción, lo que significaba, e incluso por qué la había hecho así de simple y tonta.

 

El tema que sigue a El Aguante en el disco se llama Kill My Mother (toda una declaración) y en el medio tiene partes del tema It’s Only Love de The Beatles.

 

El booklet del disco El Aguante tiene un texto escrito por Sergio Marchi que termina: “Pero, entre nosotros, ‘El Aguante’ significa además otras cosas. Cuando uno espera un beso y en cambio recibe un cachetazo, la decepción es tan profunda que cualquiera se vería tentado a dejar de lado sus convicciones. Charly García bien podría atornillarse en una versión segura de sí mismo, pero en cambio eligió seguir lo que sus instintos artísticos le reclamaban: el cambio perpetuo, el riesgo constante. De esa noble madera está hecho ‘El Aguante’”.

 

La tapa del Cd, con Charly atado y recibiendo un cachetazo, también es significativa.

 

La letra de El Aguante dice:

 

Este es el aguante, hasta yo lo vi

Este es el aguante, decímelo a mí.

Este es el aguante, consideraló

Este es el aguante, te lo digo yo.

Aguante, aguante, aguante, aguante

Aguante, aguante, aguante, aguante

Aguante Sofía, aguante Javier

Aguante La Quía, Aguantá también.

Y si no te gusta te podés matar

Este es el aguante, este es mi lugar.

Este es el aguante, esto es Rock & Roll.

 

Entiendo que los que no siguen a Charly (o incluso algunos de sus seguidores) pueden considerar esta canción bastante estúpida, pero quizás con lo que ya leyeron, o lo que van a leer a continuación, algún día la puedan llegar a entender. Lo que sigue es parte del capítulo 17 de un libro escrito por Sergio Marchi que se llama: Say No More. Una Vida De Charly García

 

17. Llorando en el espejo.

 

“Las cópulas y los espejos son abominables,

porque multiplican el número de los hombres.”

JORGE LUIS BORGES, FICCIONES

 

            Reconocí de inmediato la voz de Charly en mi contestador. “Quiero invitarte a una fiesta”, dijo y logró intrigarme. Al día siguiente me llamó al diario y me comunicó que el 27 de junio de 1995, un miércoles a la noche, Sui Generis iba a reunirse en Prix D’ Ami. La idea se originó en la cabeza de Charly la noche del lunes en el teatro Cervantes, durante un homenaje a Carlos Gardel donde conocidos intérpretes intentaron dar versiones del maestro. Charly fue invitado por Ulises Di Salvo, su cellista, que tocaba ese día. Adora a Gardel desde chico, cuando lo descubrió por televisión. (…)

            – Charly, vos sos Gardel – le gritaba la gente.

            – ¿Y por qué no me avisaron antes? – respondió divertido.

            – ¿Qué es lo que más te gusta de Gardel? – preguntó una cronista de espectáculos.

            – Su cuenta de SADAIC.

            Se instaló en un palco y vio el espectáculo mientras bebía su whisky. Allí se le ocurrió la idea de hacer “Sui Generis, 20 años después”. Su ansiedad se anticipó al aniversario real que era el 5 de septiembre. Lo mismo daba; llamó a Nito Mestre, quien agarró viaje de inmediato y reservaron Prix D’Ami.

            Fue un impulso de una noche que se hizo realidad en dos días. Instantáneo, inmediato, como a Charly le gusta. Invitó a toda su familia, con la que estaba peleado desde su internación en la clínica psiquiátrica en noviembre de 1994, y a unos cuantos amigos. Existía un clima que daba como para una gran reconciliación familiar. El lugar estaba repleto de un público predispuesto a recordar las viejas canciones.

            Más que el retorno de Sui Generis, aquello fue “El regreso de los muertos vivos”: una película de terror. Literalmente, García masacró el repertorio entero de Sui Generis con una vocación digna del Marqués de Sade. Más allá de que no hubiera habido ensayo suficiente, de que las voces no llegaran a los registros de la juventud, de que Charly se comportara como un demente y de que la banda estuviera desorientada como heladero en abril, hubo sobre el escenario una secreta venganza contra su familia.

            Nito Mestre no le fue en zaga en los desmanes aunque nunca pudo equiparar la capacidad de destrucción de García, quien aun en su impronta terrorista creó un espacio artístico. “Cuando ya me empiece a quedar solo”, “Blues del levante”, “Amigo, vuelve a casa pronto”, “Bienvenidos al tren”, “Bubulina”, “Canción para mi muerte” y otras páginas fueron ejecutadas sin misericordia.

            – ¡Éste es el festival de Amnesy! – decretó Charly, ya en la mitad de la matanza, cuando trataba infructuosamente de recordar los tonos de las canciones. Fue lo único gracioso de la noche. Eso, y el grito de Nito Mestre, cuando García amenazó con tirar una guitarra acústica desde el escenario.

            – Charly, no tirés esa viola, que anda – le dijo al borde del desmayo.

 

            Me fui sin pasar por camarines, de muy mal talante por ver a García tocando para el culo, cantando pésimamente y ofreciendo un espectáculo tan decadente. Lo que más me mortificaba era la sospecha de que todo eso fue a propósito; conozco bien su prodigiosa memoria, su oído absoluto y sé que es francamente imposible que, aun en el peor de los estados, García no recuerde los acordes exactos de sus propias canciones. Aquello era un crimen planeado fríamente. ¿Pero por qué? No quise quedarme sin respuestas, y lo llamé al día siguiente.

            – Hola, Charly. ¿Tenés cinco segundos? – lo ataqué de entrada.

            – No – se defendió por reflejo.

            – Bueno, te llamo en otro momento – concedí.

            – No, si es por teléfono sí. ¿Qué querés?

            – Te llamo por el show de anoche, no me quedo en claro qué quisiste hacer.

            – Nada, qué se yo – se hizo el desentendido.

            – ¿Estás conforme con el show?

            – Sí, acá estamos todos recontentos. Ahora estoy con Nito, pero me voy yendo a poner unos pianos en el disco de Pedro Aznar.

            – ¿Contentos? – repetí, incrédulo.

            – Sí, Nito está recontento, yo también. Rino está feliz, Moro ni te cuento, Samalea al palo, Ulises no sabés.

            – Pero fue un bochorno.

            – ¿No estuvo bueno? Y bueh…

            – Se te vio completamente desconcentrado a vos en particular y a la banda en general.

            – Má que desconcentrado, si todavía estamos acá: concentradísimos todos.

            – No entiendo la lógica.

            – Sí, la lógica es que yo los vi a ustedes. Lo que vos viste anoche, fue un espejo. Man in the mirror, ésa es la clave. Si querés, llamame mañana. Está todo grabado, todo filmado. Podemos verlo.

            – La crítica te va a hacer mierda.

            – ¿Y quién los conoce? Que no me vengan a hinchar las pelotas.

            – Mañana seguimos, no te robo más tiempo – lo liberé.

            – Chau.

 

            No lo llamé al día siguiente. Ver la filmación del desastre no iba a dejar en limpio a ninguno de los dos. Hemos visto en video otros conciertos suyos desastrosos para mí y geniales para él. Es como si se negara a reconocer cualquier error, aunque esté grabado en video. En ese sentido, no hay discusión que valga y ni siquiera él se abre a esa posibilidad. A lo sumo, acusará recibo de cualquier crítica que se le haga subiendo el volumen de su voz o de la tele.

            Si lo que se vio esa noche fue un espejo, reflejaba algo espantoso. La especial invitación a su familia, con la que no tenía buena relación, me hizo atar cabos: fue un espectáculo para que ellos, los que lo habían internado, vieran bien de cerca el monstruo que habían creado. Sin embargo, era difícil explicarse por qué eligió a Sui Generis como vehículo y además por qué sometió al público a semejante martirio. Ése es uno de los puntos en donde todos los senderos se confunden y el aventurero queda dando vueltas en círculos.

(…)

            El reflejo más loco de todos es el que se proyecta en la gente en presencia de Charly García. Es lógico que sus fans se alboroten cuando lo ven y sin embargo son los que mejor se comportan. El problema es el reflejo que su persona produce en el medio pelo, en un segmento de la población que no consume rock y que se transforma en presencia de un famoso. El efecto García es como un licor que les hace sacar aspectos escondidos de su personalidad; gente supuestamente normal se convierte en un ser repulsivo en cuestión de segundos. García, que se resiste a convertirse en un poster y comportarse como si fuera de papel, ya no tiene mucha paciencia para jugar al ping-pong, pero trata de mantener las cosas en una escala reducida, cuando tal gentileza le es posible.

            Una noche estábamos comiendo en un restaurante árabe del barrio, María Gabriela Epumer, Fernando Samalea, Fabián Quintiero, Fernando Lupano, Charly y yo y tal vez alguien más. Una buena parte de los comensales miraba a nuestra mesa con más o menos disimulada atención. Algunos, más que nada niños, se acercaban a pedirle un autógrafo a Charly. Una señora desagradable, entrada en años y carnes, solicitaba el suyo. Charly toma una lapicera y una servilleta, firma y se lo da. La señora no queda conforme.

            – Ponele “para Pablo”- insiste, arengada.

            García respira hondo, y vuelve a escribir.

            – ¿No me ponés la fecha? – se pone pesada la vieja.

            Charly, que intenta terminar desde hace tiempo con el platillo árabe que tiene enfrente, le escribe la fecha en números romanos, agrega algún simbolito, y se lo entrega sin mirar.

            – ¿Y esto qué es? – pregunta, despreciando el garabato con que el artista la obsequió.

            – ¿No quería la fecha? Esa es la fecha.

            – Escribímela bien, no seas malo – vuelve a la carga.

            – ¿Puedo seguir comiendo con mis amigos? – se cansa un Charly hambriento y con ganas de evitar un incidente desagradable que él no provocó.

            – Lo que pasa es que sos un odioso – clava la vieja su puñal.

            Charly queda cabizbajo. Lo han insultado sin motivo y, por alguna razón, le dolió más de la cuenta. La señora era una reverenda estúpida que se hubiera merecido una soberana patada en el culo. Pero a él le duele, ¿qué se puede hacer frente a eso? No quiso arruinar la cena con una reacción desproporcionada de esas que se le conocen. Un día que está gentil, y la gente lo trata mal. Así funciona el espejo: de tanto reflejar mierda, a veces le tiran un cascote.

 

 

***

 

La foto es un cartel con tinta roja que le hicieron a Charly, y Charly saynomoreó con tinta negra.

 

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