Reglas De Este Blog

 

Este blog trata de seguir las siguientes reglas:

 

a)      Es lo más libre posible. No es libre 100% porque hay nombres ni situaciones que no puedo nombrar, pero se acerca bastante al 100%.

b)      No se miente nunca.

c)      No se alienta a nadie a leerlo, ni me importa cuánta gente lo lee (sería exactamente igual si entrase una persona o cinco mil personas por día.)

d)      No se fija en el tiempo ni las distancias: se puede publicar un relato sobre la Navidad en Junio, o el comentario de un disco de 1972 como si hubiese salido ayer (solo se detallan los años en que ocurrieron ciertas anécdotas para ubicar al lector.) Puedo contar una anécdota que me ocurrió hoy o una que me ocurrió hace cinco años. Puedo reservarme las mejores anécdotas.

e)      Cuando se transcribe algo escrito por otros, se cita la fuente: esto parece una obviedad pero el sistema de (des)educación ha hecho que mucha gente lo haya olvidado.

f)        Se marcan las cosas que me gustan y se hacen la menor cantidad de referencias posibles a las cosas que me disgustan.

g)      Se da preferencia a las anécdotas looser que las winners, porque se trata de ser divertido (y los winners no son divertidos) (los winners jamás escribirían un blog así.)

h)      Es objetivo dentro de mi subjetividad.

i)        Se mantendrá mientras tenga ganas.

 

La Dignidad Del Arte

 

(De “El Libro De Los Abrazos” de Eduardo Galeano)

 

Yo escribo para los que no pueden leerme. Los de abajo. Los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué. Cuando me viene el desánimo, me hace bien recordar una lección de dignidad del arte que recibí hace años, en un teatro de Asís, en Italia. Habíamos ido con Helena a ver un espectáculo de pantomima, y no había nadie. Ella y yo éramos los únicos espectadores. Cuando se apagó la luz, se nos acomodaron el acomodador y la boletera. Y, sin embargo, los actores, más numerosos que el público, trabajaron aquella noche como si estuvieran viviendo la gloria de un estreno a sala repleta. Hicieron su tarea entregándose enteros, con todo, con alma y vida; y fue una maravilla.

Nuestros aplausos retumbaron en la soledad de la sala. Nosotros aplaudimos hasta despellejarnos las manos.

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