Vamos A Tomar Una Birra Por El Mundo

 

De los 5 países que conozco, España y Brasil se parecen bastante a Argentina en cuanto a la venta de cerveza: se consigue fácil y sin ningún problema. En Brasil la suelen vender en una especie de termo (para que conserve el frío) y en España suele venir con una “tapa” (algo para acompañarla como aceitunas, jamón crudo, maní, etc.) En Cuba y en Estados Unidos, la cosa puede complicarse.

 

Cuba tiene la “desventaja” de que todos los bares son del estado cubano, entonces deben seguir ciertos procedimientos. Uno de ellos es realizar un inventario diario. Así, me pasó que un día a las ocho de la noche estaba tomando birra en un bar, y cuando pedí otra el mozo se me acercó y me dijo: “Miré Señor, le pido que se enoje, yo sé que usted no está acostumbrado a esto, pero por el momento no le podemos vender porque estamos realizando el inventario”. Tardaron como media hora en contar las cervezas que había en la heladera (entre dos personas), registraron en sus planillas, firmaron, y luego me vendieron la cerveza.

 

En Estados Unidos, que es el país donde se consume casi toda la droga que se cosecha y/o fabrica en el mundo, tienen miles de restricciones para vender una cerveza, para “asegurarse” de no venderle a menores de 21 años (esto es diferente en cada Estado, creo.) Así, un día me olvidé el pasaporte y no me vendieron, aunque yo tenía 27 años (no consideraron suficiente acreditación mi registro de conductor otorgado por la Municipalidad de Luján.) Otro día me pidieron el pasaporte, y al comprobar que era mayor de 21, me pusieron una pulserita de papel que significaba que podía comprar sin mostrar el pasaporte cada vez. Pero esa misma noche, con la pulsera puesta, me volvieron a pedir el pasaporte. Otro día me echaron de “Pleasure Island” por ayudar a dos argentinas. Ellas tenían 19 años y no les querían vender cerveza, entonces me dieron su plata a mí para que les compre. Me acerqué a la barra y pedí “Two beers” y el barman no me quería vender dos porque no sabía para quién era. Al final lo convencí de que me las vendiese, y cinco segundos después de entregárselas a las chicas, vinieron 4 o 5 personas de seguridad a pedirles documentos. Las chicas dijeron que no tenían, entonces los patovicas les sacaron sus cervezas y decidieron expulsarme a mí. Yo decía, sorprendido: “Why? Why? Why” y ellos me decían: “It’s against the law” y yo me hacía el que no entendía pero entendía. Expulsado de ese lugar, y sabiendo que la mayoría de los yanquis son más parecidos a Homero que a Lisa Simpson, decidí volver a entrar por la otra puerta.

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