Anclao En París

 
"Anclao En París" es otra letra G-L-O-R-I-O-S-A de Enrique Cadícamo, escrita en 1931. Trata de un argentino que está en París y no tiene plata para volver, además de extrañar a Buenos Aires. Tiene versos geniales como cuando mira la nieve por la ventana y dice: "las luces rojizas con tono muriente parecen pupilas de extraño mirar", o el final de resignación ante la posibilidad de no volver a Buenos Aires. También me causa gracia que le contaron "que un juego de calles se da en diagonal".
 
Cadícamo cuenta la composición de este tema en su autobiografía:
 

Recibo una carta de mi amigo Barbieri desde Niza donde se hallaba actuando Gardel en el “Casino Mediterráneo”. Con este amigo nos escribíamos siempre desde cualquier punto donde nos halláramos. En la carta me pedía que le enviara una letra para tango a la que adaptaría música y grabaría Gardel en París tan pronto como terminaran sus actuaciones en Niza.

Esa misma noche en el grill del Oriente me dispuse a contestarle sin tomar en cuenta para nada lo de la letra, pero ya a punto de cerrarla pensé que si no se la enviaba, dejándola para más adelante, llegaría tarde para su grabación.

Mi imaginación voló a Montmartre, donde recordaba haber visto a algunos jóvenes compatriotas anclados iniciándose en la cruel “manga” y a los cuales pude “tirarles” unos salvadores francos. Aquello podía ser el tema para la letra del tango. Pedí al camarero un café doble y cognac, encendí un Aristón de “estraperlo” y me puse a escribir unos versos que fui lucubrando de un solo tirón en menos de una hora a los que titulé “Anclao en París”.

 

 

Tirao por la vida de errante bohemio
estoy, Buenos Aires, anclao en París.
Cubierto de males, bandeado de apremio,
te evoco desde este lejano país.
Contemplo la nieve que cae blandamente
desde mi ventana, que da al bulevar
las luces rojizas, con tono muriente,
parecen pupilas de extraño mirar.

Lejano Buenos Aires ¡qué lindo que has de estar!
Ya van para diez años que me viste zarpar…
Aquí, en este Montmartre, faubourg sentimental,
yo siento que el recuerdo me clava su puñal.

¡Cómo habrá cambiado tu calle Corrientes..!
¡Suipacha, Esmeralda, tu mismo arrabal..!
Alguien me ha contado que estás floreciente
y un juego de calles se da en diagonal…
¡No sabes las ganas que tengo de verte!
Aquí estoy varado, sin plata y sin fe…
¡Quién sabe una noche me encane la muerte
y, chau Buenos Aires, no te vuelva a ver!

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