Yogananda Empieza A Entender A Dios Cagándose De Hambre

 

Cuando todavía era un chico, Paramahansa Yogananda (que en ese momento se llamaba Mukunda Gosh), en su búsqueda de Dios, fue a parar a lo de un gurú llamado Swami Dayananda, que lo primero que le dijo fue: “No trates de atrapar a Dios tan pronto”. Luego le dijo: “Mukunda, he visto que tu padre te manda regularmente dinero. Por favor, devuélveselo; tu no necesitás ningún dinero aquí. Y ahora, para tu mejor disciplina, te enseñaré una segunda regla, y que se refiere al alimento: aún cuando sientas hambre, no lo digas.”

 

Yogananda, niño rico acostumbrado al buen comer, empezó entonces a perseguirse con el hambre. Veía comer a todos y eso le hacía tener más hambre todavía. Entonces fue y le dijo al Swami:

 

“- Swamiji, estoy confundido. Siguiendo sus instrucciones, supóngase usted que yo no pida alimento, y que nadie me lo dé, ¿habré de morirme de hambre…?

– ¡Muérete, pués – esta alarmante respuesta cortó el aire-: ¡Muere, Mukunda, si debes morir! Pero nunca pienses que vives gracias al poder de lo alimentos y no por el poder de Dios. Él, que ha creado toda forma de alimentación y nos ha proporcionado el apetito, ciertamente se preocupará de que sus devotos obtengan sustento. Nunca te imagines que la comida, el dinero o los hombres te sostienen. ¿Podrían ellos ayudarte si Dios retirase su hálito de vida? Ellos son únicamente sus instrumentos indirectos. ¿Es, acaso, gracias a alguna habilidad tuya que se digiere el alimento en tu estómago? ¡Utiliza la espada del discernimiento, Mukunda! ¡Corta las ligaduras de los agentes mediadores y percibe la Causa Única!

Yo sentí que esas convincentes palabras entraban profundamente en mi ser, liberándome definitivamente del arcaico error mediante el cual los imperativos del cuerpo dominan el alma. En aquel instante y lugar, probé la suprema suficiencia del Espíritu.”

 

            Es necesario aclarar que en esta última frase, cuando dice “probé la suprema suficiencia del Espíritu”, no se refiere con la palabra “suprema” a una milanesa de pollo, sino a la acepción cuyos sinónimos son “grande”, “sobresaliente”, “importante”, etc.

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