El Paraíso Y El Infierno En La Tierra

 

Algunas personas no lo saben, pero se encuentran en el paraíso o en el infierno mientras cumplen con su vida en el planeta Tierra.

 

Los individuos que viven en el infierno afirman que este planeta es una porquería; que hay mucha inseguridad y entonces mañana pueden morir asesinados bajo las garras de un morocho poxirranero, o lo que es aún peor: la víctima del poxirranero puede ser uno de sus seres queridos; que los líderes del mundo organizan guerras para mantener un sistema económico que beneficia a pocos y perjudica al resto de la humanidad; que hasta sus amigos pueden traicionarlos; que se mueren por día miles de chicos de hambre; que no encontrarán trabajo cuando mañana se cumpla la gran posibilidad que tienen de quedarse sin el que ya tienen; que se están poniendo viejos y no aprovecharon sus vidas; que no les alcanza la plata; que no encuentran a la pareja deseada o no soportan a la pareja con la que están; que es imposible ser feliz. Les cuesta conciliar el sueño y suelen levantarse puteando porque tienen que afrontar otro día; sufren malestares estomacales y en otras partes del cuerpo y miran mucha televisión.

 

Los individuos que viven en el paraíso se levantan cada día con una sonrisa. Los que decidieron tener actividades lucrativas cumplen gustosos con ellas. Ven en cada persona una extensión del Amor. No tienen más deseo que el de ayudar desinteresadamente a todas las personas que pueden. Ven en los males del mundo una posibilidad de ayudar. No se desesperan cuando sale un nuevo disco de su músico favorito, ni porque no tienen plata para comprarlo ni porque todavía no lo escucharon. Cuando caminan, respiran el aire y se sienten felices de poder observar y sentir. Guardan una moneda en el bolsillo y se las dan gustosos al primero que se las pida. Sonríen todo el tiempo.

 

El resto de las personas (estudios recientes afirman que somos el 99%), vivimos alternando entre el paraíso y el infierno y nos describimos en la intimidad como seres con altibajos. Algunos piensan de manera indirecta que la posibilidad de estar en el paraíso o el infierno depende de aspectos tales como la alineación de los planetas, la “suerte”, la “casualidad”, la arbitrariedad de Dios, y cientos de factores más que van desde el orden de los números que nos toque en nuestros viajes en colectivo (afirman que si es capicúa el destino nos deparará grandezas), hasta los gatos negros que se nos cruzan, incluyendo la ubicación de los muebles de nuestra casa, el no pronunciar nombres de gente yeta sin tocarse enseguida el testículo izquierdo, y el insulto a las pelirrojas que se cruzan.

 

El Doctor Morelle publicó en 1969 el libro “No sea nabo: viva el paraíso en la Tierra”. En el mismo recopila historias de triunfadores que dejaron de ser perdedores cuando empezaron a ver “la mitad del vaso lleno.” El Doctor Morelle se convirtió en multimillonario tras la edición de ese libro, pero luego optó por seguir viviendo en el infierno. Hoy el libro se encuentra en las góndolas de oferta de los supermercados más importantes.

 

Los que viven en el infierno piensan que los que viven en el paraíso son unos idiotas sin ambiciones, y que su idiotez proviene de un conformismo que no les permitirá desarrollarse económicamente. Los que viven en el paraíso siente compasión por los que viven en el infierno y tratan de ayudarlos.

 

Alejandro Dolina opina, a través del pensador de Flores Manuel Mandeb, que “deben existir tantos paraísos como almas que los merezcan.” “En su extenso libro Proyectos para la reforma del cielo, Mandeb confiesa que la promesa del Edén se le convierte en amenaza, ante la posibilidad de encontrarse allí con toda clase de sujetos desagradables. También especula con la casi segura ausencia de sus amigos.” Por último Dolina cuenta como sería su propio paraíso soñado:

 

“Me vi saliendo con mis amigos más queridos de la Universidad de Salamanca. Don Miguel de Unamuno acaba de darnos clases. Caminamos por un sendero arbolado. A cada instante nos saludaban señoritas maravillosas. Una de ellas nos invitó a una fiesta para esa misma noche. Supe el nombre de algunos invitados: el hermano Platón, el hermano Shakespeare, el hermano Oscar Wilde, el hermano Miguel Ángel.

“Al cabo de un rato comprendí que el paraíso estaba lleno de deliciosos problemas. Que existía la incertidumbre y la esperanza y aún el desengaño. Pero que todo asumía la más noble de sus formas.

“Me crucé con mi tío Pedro Balbi, que manejaba el enorme auto de mi abuelo Colombo. Iba a buscar a mi padre para ir al Hipódromo.

“Supe que la noche anterior habíamos visto cantar a Carlos Gardel.

“Ya cerca del despertar, al final del camino arbolado, me esperaban unos ojos que ya no existen. Y entonces tuve la certeza de que ése era el paraíso que Alguien había pensado para mí, el único posible.”

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