Acciones Quijotescas

 

En diversas ocasiones he emprendido acciones quijotescas con el objeto de levantarme una mina. Mi pudor me obliga a no revelar esas acciones, mientras que mi respeto por esas señoritas me obliga a no revelar los resultados (en su mayoría fracasos.) Sin embargo, estoy en condiciones de afirmar que en todos los casos esas señoritas quedaron muy sorprendidas.

Cuando uno emprende acciones quijotescas, una fuerza del más allá le garantiza una gran inspiración, osadía, dedicación y esmero. Sin embargo, esa fuerza no garantiza los resultados positivos.

 

Algunos de los “fracasos” pasados y venideros se pueden explicar con una teoría denominada “Variación Del Segundo Gol De Diego Armando Maradona A Los Ingleses En El Mundial De México 86”. Sucede lo siguiente: no hay posibilidades que yo pueda levantarme a esa mina. Pero de repente, estoy en la mitad de la cancha, de espaldas al arco contrario, y el Negro Enrique me pasa la pelota. Dos ingleses me vienen de atrás a intentar quitármela, pero yo los eludo con gracia dándome vuelta y dejándolos pagando a los dos. Entonces emprendo una marcha con estilo hacia el arco contrario, por el lado derecho de la cancha. Mientras esquivo con suma habilidad a los ingleses que me vienen a marcar o a pegar, y no dejo que me alcancen otros que me vienen corriendo de atrás. Me doy el lujo de mirar a Jorge Valdano que viene corriendo a la par mío pero por el medio de la cancha, sin ninguna marca. Pienso en pasársela pero estoy entretenido eludiendo ingleses, por lo que sigo mi carrera acercándome cada vez más al arco. Shilton, el arquero inglés, me sale a cortar. Podría patear y asegurar el gol, pero decido gambetearlo también, para que quede tirado en el piso. Entonces me encuentro solo con el arco vacío a punto de concretar el mejor gol de mi vida. Y en ese momento ocurre el desastre ya que me acomete la seguridad que, de hacer ese gol, ya nunca tendré la posibilidad de meter otro igual. La gente cómoda me grita: “¡Metelo! ¡Metelo!” y entonces decido patear con toda mi fuerza para que la pelota pase por arriba del travesaño.

Eso me da la oportunidad de jugar un nuevo partido, esperando volver a intentarlo, cuando el Negro Enrique me la pase nuevamente en la mitad de la cancha, cuando yo esté de espaldas al arco contrario. De haberlo metido, nunca más podría disfrutar de eludir a tantos ingleses para llegar.

 

Esta entrada está dedicada a los que prefieren la gambeta antes que el gol pero sueñan que un día van a meter el mejor gol de sus vidas.

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