Diego Dijo

 

Anoche me leí de corrido el libro “Diego Dijo – Las Mejores Mil Frases De Toda La Carrera Del ‘10’”. Salió este año, con una recopilación de frases extraídas de casi 30 años de reportajes a Diego Armando Maradona, compiladas por Marcelo Gantman y Andrés Burgo.

 

Dice Marcelo Gantman en uno de los prólogos de este libro:

 

“Diego Maradona fue una infernal máquina productora de fútbol de alta calidad. Jugó al deporte más lindo de la manera más bella que registre la memoria colectiva. Pero como declarante resultó un talento inesperado. Su capacidad de resumir en una frase corta, a veces con ironía, otras con ira, casi siempre con un destinatario preciso, es equivalente a la resolución de sus jugadas. Diego habla como jugó. Piensa rápido y ejecuta igual. Así ha dejado un glosario de expresiones y comparaciones que ya forman parte de un vocabulario cotidiano en hombres de diferentes edades, en oficinas y colegios”.

 

Leer el libro de corrido me produjo cansancio, debido a que luego de cada una de las 1.000 frases debía detenerme un segundo para ubicar esa declaración en tiempo, espacio y personaje del que Diego hablaba. Pero a la vez no podía dejar de leerlo, buscando esa declaración que –dicha en el momento justo- nos arranca una sonrisa por el ingenio que demuestra.

 

Por otro lado creo que el “ingenio” al que me refiero no es más que algo nacido de haber pasado cientos de horas tomando cocaína con diversos amigos que potenciaban su ingenio con esa sustancia. Más allá de los efectos negativos que eso produce a largo plazo… ¡se deben haber divertido mucho! Y de ahí seguramente nacían las frases que Diego luego repetía en los reportajes.

 

Diego no es careta ni buchón ni tenía miedo de hablar de nadie. Esas cualidades son quizás las que más generan el Amor que tantas personas le tenemos, más allá de sus habilidades futbolísticas. Destaco la forma en que dice las cosas, aún aunque a veces (pocas veces) no coincido con su pensamiento. No me importa si coincidimos o no, pero me encanta que lo diga de esa forma.

 

El domingo leí una nota sobre Mauricio Macri que empezaba diciendo esto (no sé si será verdad, pero esto salió en la Revista Noticias):

 

“El viernes 24 de junio, Diego Maradona visitó a Mauricio Macri en su despacho en Boca. La relación estaba tensa, pero Macri apostó por revelarle a Diego la clave del éxito: ‘Escuchame Diego – le dijo -, vos me podés explicar una y mil veces cómo hacer el gol contra los ingleses y yo jamás voy a lograrlo. Hay algo, en cambio, que yo si te puedo enseñar a vos: ¡tenés que aprender a hacerte el boludo!’”

 

(Esa sería la clave del éxito para el escritor de Noticias, que no hace más que reafirmar que él mismo es un boludo real.)

¡A esto es a lo que me refiero! Ojalá Diego nunca siga el consejo de una persona asquerosa como Macri. Ojalá siga siendo por siempre el Diego (de la gente) que defiende causas justas, encabeza la marcha contra Bush, adora a Fidel Castro, etc. Aún a pesar de no estar yo necesariamente de acuerdo con estas causas, quiero al Diego (de la gente) antes que al Señor Maradona (Pelé) que pretende Macri.

 

Mi frase favorita del libro es una del año 2001: “Si a Duhalde lo veo en el desierto, le tiro una anchoa”.

 

Lo que más me llamó la atención fue comprobar que el único medio argentino que tomó la declaración “la mano de Dios” el día del partido de los ingleses fue el diario Crónica. Diego la dijo ese mismo día al terminar el partido, pero sólo Crónica la tomó.

 

También me gustó leer el primer artículo que salió el Clarín sobre Diego, el martes 28 de septiembre de 1971 (Diego tenía 10 años)

 

Con Porte Y Clase De Crack.

Es zurdo, pero ya sabe usar la derecha. Diego Caradona (sic), diez años, se ganó calurosos aplausos en el entretiempo de Argentinos vs. Independiente, haciendo gala de una rara habilidad para el “jueguito” con el empeine, y hasta con chanfle. Con camiseta que le queda un poco holgada, y el flequillo que no lo deja ver, Dieguito parece escapado de cualquier baldío porteño de “los de antes”. La duerme, la levanta con doble pisada y tiene todo el porte del jugador nato. No parece un pibe de hoy, pero lo es, y con este amor tan argentino por la pelota, nuestro fútbol nunca dejará de nutrirse de grandes jugadores.

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