La Felicidad, Ja Ja Ja

 

Desde chiquito que me di cuenta que el sentido de la vida era ser feliz. Teniendo en cuenta que nos vamos a morir, hay que pasarla lo mejor posible mientras estemos. He realizado una observación minuciosa y obsesionada sobre el tema, y creo que he llegado a “la posta”, por lo menos en teoría, ya que en la práctica uno sigue cometiendo los mismos errores (aunque, quiero creer, cada vez en menor medida.) La búsqueda me llevó a leer cientos de libros y artículos sobre el tema, algunos que lo abordaban en forma directa, y otros que permitían deducirlo. Entre los primeros leí un libro de conversaciones sobre con el Dalai Lama que se llama “El Arte De La Felicidad”. En ese libro, un yanqui con acceso al Dalai Lama le plantea los problemas que tenemos nosotros (los boludos de los occidentales), y el Dalai Lama le responde cada una de las cuestiones de manera clara. Uno de nuestros mayores problemas, deduzco, radica en que vivimos en una sociedad enferma, donde creemos que para ser feliz necesitamos cosas materiales y estamos siempre pendientes de lo que los demás opinen de nosotros. Pero todo está en el cerebro y uno hasta podría ser feliz eternamente un microsegundo después de haberle ocurrido las desgracias más temidas. Esto es mucho más fácil para los orientales que para los occidentales, pero se puede lograr. Yo creo que se puede ser feliz siempre, pero para eso tenemos que acondicionar nuestro cerebro de una forma muy distinta. A algunas personas ni siquiera les interesa el tema porque, aunque nunca lo admitirían, les gusta sufrir. Yo no soy de esos: cada vez que sufro por algo enseguida trato de buscar la forma mental de remediarlo. No lo logro mucho, pero lo intento. Odio sufrir. No conozco a ningún occidental que no sufra.

 

En un reportaje reciente, Joan Manuel Serrat dijo algo así como que uno cree que la felicidad va a llegar un día como un baldazo de agua, pero que eso no ocurre. Dijo que la felicidad son pequeñas gotitas que nos vienen de vez en cuando y hay que aprovecharlas. Creo que es un pensamiento bastante interesante y difícil de contradecir. Yo le diría que yo no quiero un balde de agua, pero me conformo con que me caigan gotitas todo el tiempo, y es más… ¡me conformo con darme cuenta de esas gotitas! Creo que el gran problema es que la gente se acostumbra a las gotitas y ya no lo mojan. Pero saber disfrutar de las gotitas es uno de los secretos.

 

El pensamiento de Serrat me hizo acordar a una parte del libro “La Tregua” (1959) de Mario Benedetti. En esa parte, una chica explica la teoría de su mamá acerca de la felicidad:

 

 La teoría de ella, la gran teoría de su vida, la que la mantiene en vigor es que la felicidad, la verdadera felicidad, es un estado mucho menos angélico y hasta bastante menos agradable de lo que uno tiende siempre a soñar. Ella dice que la gente acaba por lo general sintiéndose desgraciada, nada más que por haber creído que la felicidad era una permanente sensación de indefinible bienestar, de gozoso éxtasis, de festival perpetuo. No, dice ella, la felicidad es bastante menos (o quizás bastante más, pero de todos modos otra cosa) y es seguro que muchos de esos presuntos desgraciados son en realidad felices, pero no se dan cuenta, no lo admiten, porque ellos creen que están muy lejos del máximo bienestar.”

 

Por último, voy a transcribir (sin su permiso), un texto de Alejandro Dolina, de su libro “El Libro Del Fantasma” (2003, muy recomendable). El texto se llama “Instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight (Trabajo realizado por Manuel Mandeb por encargo de la agencia de publicidad Vivencia.)” y me provocó todas estas reflexiones. Es un texto bastante pesimista, sin embargo está tan bien realizado y redactado que me hizo muy feliz. ¡Esto sí que es paradójico! Espero que los lectores de este blog también se sientan felices al leerlo (que se den cuenta de las gotitas.)

 

 

1) Busque la flecha indicadora.

 

2) Presione con el dedo pulgar hasta que el cartón del envase ceda.

 

3) Disimule. Soy un joven escritor que no tiene otra ocasión que ésta de conectarse con las muchedumbres. Usted finja que sigue abriendo este estúpido paquete y yo le diré algunas verdades.

 

4) Los vendedores de elixir nos convidan todos los días a olvidar las penas y mantener jubiloso el ánimo. El Pensamiento Oficial del Mundo ha decidido que una persona alegre es preferible a una triste.

 

5) La medicina aconseja cosmovisiones optimistas por creerlas más saludables. Al parecer, la verdad perjudica la función hepática.

 

6) Viene gente. Siga la línea de puntos en la dirección indicada por la flecha.

 

7) Escuche bien porque tenemos poco tiempo: la tristeza es la única actitud posible que los compradores de este jabón pueden adoptar ante un universo que no se les acomoda. Toda alegría no es más que un olvido momentáneo de la tragedia esencial de la vida. Puede uno reírse del cuento de los supositorios, pero éste es apenas un descanso en el camino. Uno juega, retoza y refiere historias picarescas, solamente para no recordar que ha de morirse. Ese es el sentido original de la palabra diversión: apartar, desviar, llamar la atención hacia una cosa que no es la principal. 

 

8) Conversar acerca de estos asuntos es considerado de la peor educación. Los comerciantes se escandalizan, las personas optimistas huyen despavoridas, los maximalistas declaran que la angustia ante la muerte es un entretenimiento burgués y los escritores comprometidos gritan que la preocupación metafísica es literatura de evasión. Al respecto, mientras le recomiendo que no deje el paquete de jabón al alcance de los niños, le juro que todo lo que se escribe es de evasión, menos la metafísica: las noticias políticas, los libros de sociología, los horarios del ferrocarril, los estudios sobre las reservas de petróleo, no hacen más que apartarnos del tema central, que es la muerte.

 

9) Calcule 100 gr. de jabón por cada kilo de ropa sucia.

 

10) Cuánto más inteligente, profunda y sensible es una persona, más probabilidades tiene de cruzarse con la tristeza. Por eso, las exhortaciones a la alegría suelen proponer la interrupción del pensamiento: "es mejor no pensar…". Casi todos los aparatos y artificios que el hombre ha inventado para producir alegría suspenden toda reflexión: la pirotecnia, la música bailable, las cantinas de la Boca, el metegol, los concursos de la televisión, las kermeses.

 

11) Separe la ropa blanca de la ropa de color. Y entienda que la tristeza tiene más fuerza que la alegría: un hombre recibe dos noticias, una buena y una mala. Supongamos que ha acertado en la quiniela y que ha muerto su hermana. Si el hombre no es un canalla, prevalecerá la tristeza. El premio no lo consolará de la desgracia. Byron decía que el recuerdo de una dicha pasada es triste, mientras que el recuerdo de un pesar sigue siendo pesaroso.

 

12) No mezcle este jabón con otros productos y no haga caso de los sofistas risueños. Tarde o temprano alguien le dirá: "Si un problema tiene solución, no vale la pena preocuparse. Y si no la tiene, ¿qué se gana con la preocupación?". Confunde esta gente las arduas cuestiones de la vida con las palabras cruzadas. La soledad, la angustia, el desencuentro y la injusticia no son problemas sino tragedias, y no es que uno se preocupe sino que se desespera.

     Lloraba Solón la muerte de su hijo.

     Un amigo se acerca y le dice:

– ¿Por qué lloras, si sabes que es inútil?

– Por eso- contestó Solón- porque sé que es inútil.

 

13) No está tan mal ser triste, señora. El que se entristece se humilla, se rebaja, abandona el orgullo. Quien está triste se ensimisma, piensa. La tristeza es hija y madre de la meditación. Participe del concurso "Vacaciones Sunlight" enviando este cupón por correo.

 

14) Ahora que se fue el jabonero, aprovecharé para confesarle que suelo elegir a mis amigos entre la gente triste. Y no vaya a creer el ama de casa Sunlight que nuestras reuniones consisten en charlas lacrimógenas. Nada de eso: concurrimos a bailongos atorrantes, amanecemos en lugares desconocidos, cantamos canciones puercas, nos enamoramos de mujeres desvergonzadas que revolean el escote y hacemos sonar los timbres de las casas para luego darnos a la fuga. Los muchachos tristes nos reímos mucho, le aseguro. Pero eso sí: a veces, mientras corremos entre carcajadas, perseguidos por las víctimas de nuestras ingeniosas bromas, necesitamos ver un gesto sombrío y fraternal en el amigo que marcha a nuestro lado. Es el gesto noble que lo salva a uno para siempre. Es el gesto que significa "atención, muchachos, que no me he olvidado de nada".

 

 

NOTA: Las instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight fueron rechazadas.

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