La Margarita

 

La Margarita es un disco muy impresionante y raro de Jaime Roos, editado en 1994, que dura 38 minutos. La historia de cómo fueron concebidas sus letras es I-M-P-E-R-D-I-B-L-E. Cada vez que a Jaime Roos le piden alguno de estas canciones, dice que “La Margarita” se toca entera (no tiene sentido tocar un tema suelto), pero asegura que un día la va a tocar entera. La historia es esta:

 

Había una vez un guerrillero tupamaro llamado Mauricio Rosencof (ahora es escritor) que estaba preso en Uruguay en condiciones horribles (onda desaparecido y torturado.) Corría 1982, hacía 10 años que estaba preso en esas condiciones, y no pensaba sobrevivir. Tenía acceso a una lapicera pero no a papel, así que decidió escribir su historia de amor adolescente y la tituló “La Margarita”. Como era un hombre de izquierda, la historia obviamente no es cursi (a diferencia de cualquier intento artístico de alguien de derecha (las pocas veces que sienten algo)). Lo más loco de todo, es que escribió la historia de la siguiente manera:

 

a)      En 25 sonetos: los sonetos tiene 14 versos de 11 sílabas cada uno y otras reglas.

b)      En papeles de cigarrillos. Sí, esos finitos que se enrollan.

 

Esa fue la forma que encontró para poder sacar esos sonetos de la cárcel, por si él no llegaba a sobrevivir. Al final sobrevivió. Luego, Jaime Roos se encontró con esos sonetos, y, con la autorización de Rosencof, eligió 15 de los 25 para musicalizar, con la calidad a la que nos tiene acostumbrados. Los 15 elegidos de Jaime fueron los siguientes:

 

EL REGRESO (Recitado): este está relatado por el mismo Rosencof, en una especie de introducción a la historia, recordando las primeras veces que la veía.

ENCUENTRO (Canción): este describe la primera vez que la vio y sintió algo.

TURBACIÓN (Rock): En este, está con la barra de amigos y ella pasa, provocando que siempre terminen a las trompadas.

LA MIRADA (Murga): acá hay un baile y fiesta en una casa del pueblo y ellos se miran.

SANDÍA (Canción): acá deben disimular que se miran, mirando las sandías que venden en el baile.

INDIFERENCIA (Canción): acá llega alguien al baile (no entiendo bien quién) y él se da cuenta que a Margarita le había gustado “ese coso” y se va al bar y se pone “lacrimoso” pero a la vez se ríe “fuerte para que ella lo oyera.”

CONVERSACIÓN (Tango): Acá bailan y hablan por primera vez, aunque ella había ido al baile con la tía (“que en el baile es todo un rango.”)

EL BESO (Canción): en este se besan por primera vez, gracias a la complicidad de una amiga, Albita.

FAMA (Recitado): Este es otro intermedio (recitado por el autor), donde Margarita advierte que él es parecido a Robert Mitchum, y él tiene un dilema mental por esto.

LLUVIA (Canción): Acá los agarra la lluvia a la salida del cine.

NOCTURNO (Canción): Margarita ya trabaja en una farmacia, y él la pasa a buscar a la salida.

GOLONDRINAS (Canción): Acá también van a tomar algo luego del cine, “a hablar del futuro”.

MAGA (Vals): Se sientan mirando el mar y Margarita se ilusiona pensando en casarse y todo lo que necesitaba. Él, de acuerdo, quería más a la “Maga” que inventaba las fantasías que a la fantasía misma.

OTOÑO (Canción): Acá Margarita tiene un mal presentimiento, se asusta, y comienza a desear “que nunca pase nada” porque “todo esto es tan hermoso”.

EN LA ESQUINA (Canción): Una final abierto donde el autor se pregunta por qué volvió a su memoria esta historia de amor.

 

 

EL REGRESO

 

Usaba blusa blanca y pollera tableada

En paño inglés de pleno azul marino

En su pobre roperito lo más fino

Con mocasines nuevos quedaba ni pintada

 

Yo miraba llegar su silueta delgada

Lánguido el brasero, el paso cansino

Y se llenaba de duendes el camino

Y palomas y plantas saludaban al hada

 

Nadie vino a mí con más frescura

Y a nadie aguardé más anhelante

Volverla a aguardar fue la locura

 

Locura guardada a cada instante

Pero hay en su regreso tanta ternura

Que aguardo y aguardo y vuelve palpitante.

 

 

ENCUENTRO

 

La vi una mañana cuando iba al almacén

La calle estaba llena de verano.

Llevaba un vestidito tan liviano

Que el corazón se me fue para la sien.

 

Me sentí en el aire sin sostén

Y un sudor tibio humedició mi mano

Cuando se fue con su pasito tan ufano

Coqueteando la pollera en un vaivén.

 

Fue como si me hubiera dado cita

Desde entonces a esa hora la esperé

Ella, sin hablarme, comprendió mis cuitas

 

Y a veces me miraba con un no sé qué

Me enteré que se llamaba Margarita

Y sin deshojarla supe que la amé.

 

 

TURBACIÓN

 

Cuando la muchachada copaba la esquina

Y ella pasaba rumbo a algún mandado

La barra, respetuosa, se hacía a un lado

Y ella saludaba lo más fina.

 

Era un ley No piropear a una vecina

Además Margarita era un ser alado

Leve el andar, el gesto delicado

Y una voz seriecita y cristalina.

 

Dejaba en el aire tal perturbación

Que nadie hablaba ni con la mirada

Y era tan honda nuestra conmoción

 

Que sin causa para ser provocadas

Cualquier motivo nos daba la ocasión

Para trenzarnos, ahí nomás, a las trompadas.

 

 

LA MIRADA

 

En la esquina solo una era la esquina,

Lucía el barrio con orgullo su tablado

Con colecta, puerta a puerta, levantado

Solo la casa más bacana fue elegida.

 

Sobre el humo de la parrilla colgaba la serpentina

Y el tocadiscos que el Club había prestado

Le daba y le daba al baión delicado.

Y al decir de Margarita era música divina.

 

Allí estaba ella, muy arregladita

Sabiendo que la miraba, no miraba

Y el aire indiferente la hacía más bonita

 

A su lado, en una silla, la tía vigilaba

Pero al irse y al descuido me dejó una miradita

Temblorosa de rubor… también ella me amaba.

 

 

SANDÍA

 

Nunca faltaba al tablado Don Ramón

Con su carga de sandías relucientes

Armando el despacho para los clientes

Con dos caballetes y un tablón.

 

Y mientras calaba su fresco pregón

De risueñas picardías inocentes

Comparaba la tajada con labios ardientes

Y guiñaba a la barra entonando la canción:

 

Sandia calada, sandia colorada

Jugosas para las mozas enamoradas”

Y a mí y a Margarita nos cohibía

 

Entonces para que nadie sospechara nada

En vez de cruzar nuestras miradas

Las dirigíamos sugestivas a las sandías.

 

 

INDIFERENCIA

 

Llegó de portafolios bajo el brazo

La gente murmuró “Representante”.

Saco blanco de frac, muy elegante,

La cara pintada, de camisa con lazo.

 

El público, respetuoso, le abrió paso

Saludó al tesorero con aire distante

Y cuando, solemne, lo anunció el parlante

Él contaba los pesos por si acaso.

 

A Margarita le encantó ese coso

Así que vi la performance murguera,

Entré al boliche amargado y caviloso

 

Le pedí al Tincho una caña habanera

Que fue lo que me puso lacrimoso

Y me reí fuerte para que ella lo oyera.

 

 

CONVERSACIÓN

 

La encontré en una velada familiar

Matinée bailable del club Cuyutí

Yo era muy disquero y así, cuando la vi,

Saqué un cigarro y empecé a fumar.

 

Ella, impresionada, tuvo que admirar

La cancha de hombre con que recibí

Su endomingada aparición que agradecí

Con la leve seña de “¿Querés bailar?”

 

La tía, que en el baile es todo un rango,

Le pregunta a la nena “¿Dónde vas?”

Pero al verme inofensivo, con aire de guarango

 

Le dice: “Suficiente, andá nomás.”

Entonces le hablé, bailando un tango:

“¿Qué le gusta más? ¿La típica o la jazz?”

 

 

EL BESO

 

Aquel atardecer era el día señalado

Una amiga, Albita, nos iba a acompañar

Caminábamos los tres, sin conversar,

Oscurecía un azul arrebolado.

 

Llegamos al fin al baldío abandonado

Chircas, tártagos, rumos de mar

Y esperamos la noche para consumar

Lo que fue primera nostalgia de enamorado.

 

En la esquina, vigilando se quedó la Albita

Emocionada de audacia, desfalleciente,

La voz precipitada cuando va y nos grita:

 

“Ahora, dale ahora que no hay gente”.

Bajó sus pétalos mi Margarita

Y dejé en sus labios un beso aún latente.

 

 

FAMA

 

Guardaba a Robert Mitchum, tapa cancionera,

Porque decía que se parecía a mí

Y tanto me impresionó que desde allí

Sonreía irónico a su manera

 

En cambio no acepté que me dijera:

“Robert Mitchum, por favor vení.”

Porque si la oían los del  Tuyutí

Me iban a cargar la vida entera.

 

Fue en verano y en la heladería

Estábamos los dos sentados afuera

La barra andaba por ahí, yo la veía.

 

Y en eso se me vienen en hilera

El Tito me alcanza una fotografía

“¿Me la firma?”, dice, y me da la lapicera.

 

 

LLUVIA

 

Aquel atardecer, nos pescó el chaparrón

Comentando el film que acabábamos de ver

Riendo y de la mano echamos a correr

Hasta que anclamos en un viejo portón.

 

La calle desierta, nos dio la sensación

De que solo nosotros veíamos llover

El universo sin pájaros, vacío, por hacer.

Entonces callamos, ya en plena ilusión.

 

La lluvia paró, y volvimos a andar

Los faroles rielaban en la calle mojada

Cuadras y cuadras sin poder hablar

 

La tarde oscurecía desolada

No nos podíamos separar

Fuera de nosotros no existía nada.

 

 

NOCTURNO

 

Crecimos, ella empezó a trabajar

En una farmacia del Cordón

Salía a las siete y en alguna ocasión

Arreglaba mis cosas para irla a buscar.

 

Me pasaba en la vidriera para verla despachar

Menudita y rubia de blanco almidón

Y eran tales sus gracias y mi metejón

Que no había caso y me ponía a fumar.

 

Bajábamos del bondi en la otra parada

Ganando dos cuadras para caminar

Y mirando atentos que nadie viera nada

 

En un racimo de sombra íbamos a ocultar

Que ella se limpiaba la boquita pintada

Que aquello era una de besar y besar.

 

 

GOLONDRINAS

 

Al salir del Metropol íbamos a un bar

Para hablar como mayores del futuro
Era un tema manso, sin apuro,

Y el futuro, enorme, a qué apurar?

 

Allí, dichosos, nos dejábamos estar

Todo era diáfano, fácil, seguro

Cuando ese universo, poético y puro,

Llegaba el mozo: “¿Y qué van a tomar?”

 

Entonces lo mirábamos desde mi lado

Con el desdén de los soñadores

Y con él: “Yo un té”, apenas murmurado

 

Ella volvía a colgar cortina de colores

Y en la pared de un patio sombreado

Golondrinas de yeso y otros primores.

 

 

MAGA

 

Nos sentábamos en las rocas mirando el mar

Embriagados de sol y agua salada

Ella reclinaba en mí su espalda dorada

Y adormilada comenzaba a divagar.

 

Pieza a pieza iba armando el ajuar

Traje de novia, batería esmaltada

Y cuando en su lista no faltaba nada

Suspiraba un: “Ya nos podemos casar”

 

Ese era el final feliz de la poesía

Que con anhelos y vidrieras hizo

Recostando su fresca piel contra la mía

 

Yo quise con ella cuanto quiso.

Pero amé más que a la tierna fantasía

A la maga que la creaba con su hechizo.

 

 

OTOÑO

 

Aquella tarde de otoño era dorada

Árboles y casas tras un tul amarillento

Las copas calmas, el cielo tenue, el sol más lento.

Sus ojos sonreían, estaba enamorada.

 

Caminábamos los dos la hora encantada

En que el farol garúa su primer aliento

Cuando salta a su paso un presentimiento:

“Dios mío”, dice, “¡que nunca pase nada!”.

 

“¿Qué puede pasar? Nada. Nada va a pasar”

“No sé… es que todo esto es tan hermoso”.

Nos besamos con miedo y volvimos a andar

 

Pero tanto silencio se nos hizo penoso.

Entonces eligió hojitas secas para pisar

Y el juego volvió el dorado más luminoso.

 

 

EN LA ESQUINA

 

¿Qué misteriosa brisa de la memoria

Refresca con el tiempo aquel amor?

¿Qué misteriosa brisa del amor

Refresca con el tiempo mi memoria?

 

Y no hay final para esta historia

Tierna, sencilla, de puro candor.

Estuvo y está en pleno verdor,

Viviendo su eternidad transitoria.

 

En el entrevisto atardecer dorado

Y en la hoja otoñal que crepita

En las calles de un barrio añorado

 

Con faroles que encienden la hora de la cita.

Y en esas veredas que camino confiado

Porque sé que en la esquina aguarda Margarita.

 

***

 

De un reportaje a Jaime Roos del 2003:

 

Pero ahora llegó el momento de volver a las canciones nuevas y de ir cumpliendo viejos sueños.

¿Por ejemplo?

Quiero alguna vez tocar en algún lugar chico y presentar en vivo el material de La Margarita, más canciones escondidas. Mi sueño es poner una pizarra de esas que utilizan los restaurantes para los menúes y escribir con tiza: Atención: hoy no se tocarán los siguientes temas. Y mandar la lista de los éxitos.

¿Qué te pasa con los éxitos?

Nada, son míos. Los quiero y son buenos temas. Que no se malinterprete: no reniego de ninguno. Simplemente sé que hay muchos músicos y un público especializado que está esperando que toque en vivo otras canciones que, por otra parte, yo también tengo muchas ganas de tocar.

 

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